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Jambo Bwana

domingo, septiembre 15, 2013

Vacaciones en Roma

Mi octavo Viaggio in Italia tenía que terminar allí donde conducen todos los caminos: Roma, la ciudad eterna. Roma es el escenario de una de las películas más entrañables y emblemáticas de nuestro acervo cultural familiar: Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953), protagonizada por Gregory Peck y Audrey Hepburn. Película que, lógicamente, volvimos a ver tras regresar de Roma.
El argumento, de tan simple que es, da para una gran película entre cuyos guionistas figura Dalton Trumbo después de la rectificación que hizo, en diciembre de 1992, la Academia de Hollywood al obligar a cambiar los registros de los títulos de crédito. El Oscar al mejor guión que había ganado la película, fue entregado a título póstumo a la viuda de Trumbo el 10 de mayo de 1993.  Durante una visita a Roma, Ana, la joven princesa de un pequeño país centroeuropeo, trata de eludir el protocolo y las obligaciones que implica, escapándose de palacio para visitar la ciudad de incógnito. Así conoce a Joe, un periodista americano que busca una exclusiva y finge desconocer la identidad de la princesa. La pareja vivirá unas jornadas inolvidables recorriendo la ciudad.




La película hace un repaso de muchos de los lugares más emblemáticos de Roma.



Desde la Basílica de San Pedro en Ciudad del Vaticano hasta el Foro Romano, pasando por la Fontana de Trevi



donde, por cierto, sigue existiendo la farmacia que aparece en la película, no así la barbería.



No puede faltar en la película, ni en nuestras Vacaciones en Roma, la Plaza de España.



Ni el majestuoso Coliseo



tanto por fuera como por dentro.



O el monumento a Vittorio Emanuele II.



Pero algo que no puede faltar y que es una de las escenas más divertidas de la película, improvisada para la ocasión por el propio Gregory Peck, es la escena de la Boca de la Verdad,  en la Iglesia de Santa Maria in Cosmedin.



Hay muchos más lugares, desde la Plaza de la Rotonda donde se encuentra el Pantheon, hasta el Puente Sant' Angelo y el Castillo del mismo nombre; pero tampoco se trata de ser excesivamente minucioso, aunque existen las pruebas de ello.
Si antes decíamos siempre nos quedará París, a partir de ahora deberemos añadir y Roma.

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