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Jambo Bwana

sábado, diciembre 14, 2013

¡Se armó el belén!

Y no nos referimos a la película de José Luis Sáenz de Heredia de 1970 con el entrañable Paco Martínez Soria como protagonista. Llegan las Navidades y hay que montar el árbol y el belén, como todos los años, para alegría de nuestro gato Matute que se dedica a la caza de las bolas del árbol. A diferencia de otros años, en esta ocasión el belén lleva montado ya bastante tiempo, y no uno.
Todo empezó cuando mi mujer hizo un viaje con su padre y sus hermanas a Tierra Santa hace unos años. Se trajo un belén de Belén tallado en madera de olivo.


Hace dos años, con motivo de su estancia en Bolivia participando en un programa de cooperación con Enfermeras para el Mundo se trajo otro pequeño nacimiento.


A ese le siguieron dos nuevos nacimientos como consecuencia de otro proyecto de cooperación, esta vez en Nicaragua.



El descubrimiento de un puestecillo en Córdoba donde vendían pequeños nacimientos de algunos países sudamericanos incrementó la colección: Cuba y Perú.



A partir de ese momento, la casa se ha ido llenando de pequeños belenes recolectados por diferentes puntos de la geografía española.




Como Toledo y León.



Pero, sin lugar a dudas, fue a partir de este verano cuando la cosa se empezó a desmadrar un poco. El paso por Nápoles, ciudad con una extraordinaria tradición belenista, se dejó notar.




Este último, utilizando una cáscara de nuez como portal.


O el más pequeño de todos los nacimientos de la colección.


Este tiene la gracia de, aunque comprado en Nápoles, es peruano.
Y así, uno tras otro, la colección ha ido creciendo a un ritmo casi trepidante: Chinchón


este con Reyes incluidos, lo que le convierte ya, técnicamente, en un misterio, que no es lo mismo que un belén.
O los botijos de Oropesa (Toledo):



Mientras busco para regalárselo las figuritas del belén de playmobil, otros han ido enriqueciendo esta curiosa colección:




El último, este belén alemán:


Pensaréis que mi casa debe ser enorme para albergar tantos belenes. Os equivocáis, todos juntos ocupan bastante poco espacio


Pero he dejado, deliberadamente, uno para el final


Y es que este, aunque no sea sevillano, tiene un color especial:


¡Ah, por cierto! ¡Feliz Navidad!

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