lunes, septiembre 21, 2026

Trece años después

    Hace relativamente poco, encontré una anotación de una especie de diario que llevaba yo sobre "ideas peregrinas"; en esa anotación (2 de enero de 2013), ponía: "Ayer se me ocurrió que la historia del Batallón Sagrado de Tebas podía ser una bonita historia para una novela histórica. Hoy he empezado a buscar documentación: Epaminondas, Filipo II, Queronea, hoplitas… Va a ser un proceso de documentación largo si se pretende contar una historia sólida. La historia lo es, pero hay que construir personajes y desarrollar un tema peculiar. ¿Seré capaz?" 

El pasado sábado 19 de septiembre fue la presentación oficial de la respuesta a esa pregunta. Y sí, he sido capaz. Han sido muchos años de labor intensa: de búsqueda de documentación, de información, de lectura de obras clásicas sobre la Grecia Antigua... de abandono del proyecto y de vuelta a retomarlo debido a las exigencias de mi profesión. Pero ahí está el resultado.

La presentación creo que fue amena, aunque obviamente, como parte interesada, no debo ser yo quien la juzgue. Contando con la complicidad del doctor José Ramón Castillón, médico del Consultorio Local de Moralzarzal y compañero de trabajo unos cuantos años, intentamos llevar a cabo algo a priori complicado: hablar de la novela sin contarla. Al fin y al cabo, no se trataba de hacer spoiler de mi propia obra.


Pero sí tratar del marco histórico en el que se desarrolla la historia que contamos. La Historia, aprendida como nos tocó a muchos tener que hacerlo, en plan: año 338 a.C. - Batalla de Queronea, es un perfecto rollo. Con el tiempo, acabas descubriendo que lo verdaderamente importante de la Historia es: ¿por qué sucedió? ¿qué y cómo sucedió? y ¿qué consecuencias tuvo aquello?


Claro que, contado así, eso es lo que deben hacer los libros de Historia, no una novela que pretenda ser histórica. De entre los más grandes escritores que se han dedicado a la novela histórica, para mí hay tres muy representativos: Robert Graves (Yo, Claudio); Mika Waltari (Sinuhé, el egipcio) y Mary Renault (La máscara de Apolo). En esas tres obras (como muchas otras) Claudio, Sinuhé, Nicérato —al igual que nuestro protagonista: Telaximandros— no cuentan «la Historia», sino lo que ellos ven, conocen, creen o les cuentan. No están contando la versión oficial histórica de una serie de sucesos; los protagonistas cuentan su historia, el presente que ellos están viviendo. Y este puede estar más o menos distorsionado en función de muchos aspectos. El más habitual, probablemente, sea el que quiere dar el propio autor para ajustar la historia del protagonista al marco histórico imprescindible de una novela histórica.

Como había que hacer entretenida la presentación, para la referencia al león de Queronea y dar una visión de la majestuosidad de este, recurrimos a alguna que otra diapositiva.


Al igual que, para explicar qué era el Batallón Sagrado de Tebas, recurrimos a un video explicativo (un corte del mismo) del Profesor de Historia Pedro Pérez, en su canal de YouTube, El Cubil de Peter:


Pero la principal objeción a la edición del libro fue la no inclusión de algunos mapas para facilitar la lectura y el recorrido que hacemos por la Beocia en los tiempos de la Grecia Antigua. Al respecto hay que decir que la fisonomía de algunas zonas de Grecia ha cambiado después de más de 2000 años. De hecho, el lago Copais actualmente no existe ya que fue desecado a finales del siglo XIX. A petición de algunas personas, me comprometí, en la presentación, a publicar un mapa orientativo de la localización de algunas de las poblaciones que se mencionan en la novela.


Aproveché la ocasión para contar cómo, con la ayuda de mi hermano mayor, gran aficionado a la Astronomía, llegamos a la conclusión de que la batalla de Queronea tuvo lugar el 2 de agosto del año 338 a.C., cuando algunas fuentes establecen que el hebdome (séptimo día) del mes de panamos (agosto) fue el 7 de agosto del 338 a.C., gracias, precisamente, a los datos astronómicos de la propia NASA.
Y, de paso, lucirnos un poco con la mención de alguna que otra anécdota relacionada con la novela, como la de que me puse en contacto con la directora del Museo Arqueológico de Queronea para consultarla un detalle sobre la tumba del Batallón Sagrado. Obviamente no me pudo aclarar nada porque estaba siendo objeto de un estudio pormenorizado al respecto, pero, a través de ella, llegué a un artículo muy interesante de Maria Liston, de la Universidad de Waterloo (Skeletal Evidence for the Impact of Battle on Soldiers and Non-Combatants), en el que se analizaron las heridas sufridas perimortem de algunos de los integrantes del Batallón, como la de la foto que aparece en ese artículo, en la que los restos cadavéricos muestran una importante sección de la cara producida por un objeto cortante desde una posición superior (¿sugeriría eso la participación de la caballería en la batalla de Queronea?)


Debo reconocer que fue un acto muy entrañable en el que muchas de las personas que estuvieron presentes encontraron el acto bastante ilustrativo y se mostraron muy interesadas en la historia que nos cuenta un supuesto superviviente de ese Batallón Sagrado de Tebas: Telaximandros de Tebas. Pero, de Telaximandros, hablaremos en otra ocasión.