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lunes, julio 20, 2015

Batalla naval de Vallecas

Como todos los años, ayer tuvo lugar la celebración en Vallecas de la batalla naval con motivo de las fiestas del Carmen y la utópica reivindicación de "Puerto de Mar para Vallecas". Pese a que la creación de la Cofradía Marinera de Vallecas, actual organizadora del evento, es del año 2001, el origen de esta singular batalla, consistente en arrojarse agua unos a otros, se remonta al caluroso año de 1981 cuando grupos de jóvenes empezaron a refrescarse primero y empaparse unos a otros después con las bocas de riego del bulevar de Vallecas.


En un ambiente de fiesta distendida, el objetivo es mojar y ser mojado a una hora, las 16,30, en la que el sol aprieta con verdaderas ganas.


Si bien es cierto que la batalla comienza mucho antes con continuos escarceos entre los asistentes portadores de todo tipo de emblemas y reivindicaciones en sus camisetas.


El pregón de la fiesta que da inicio oficial a la batalla fue dado este año por el periodista vallecano Quique Peinado, colaborador y guionista del programa de la Sexta, Zapeando.


Una refrescante jornada la de ayer con esta singular Batalla naval de Vallecas.

martes, mayo 15, 2012

1000: ¡Yo estuve allí!

Esta es la entrada número 1000 en este y otros varios blogs en los que colaboro o soy, además, autor durante los casi siete años que empezó mi afición como blogero. Qué mejor forma de celebrarlo que junto a la afición del Rayo Vallecano que el pasado domingo certificó su permanencia en Primera División. Y allí estuvimos, sufriendo lo indecible hasta el último minuto. Cualquier posibilidad de permanecer en la división de honor pasaba por ganar al Granada, pero pasaban los minutos y el Rayo no marcaba.



Eso sí, la afición rayista, la más rayista de todas, los Bukaneros, no pararon de cantar y animar a un Rayo muy deslucido en comparación al de la primera vuelta del campeonato. Un Rayo sumergido en una agónica situación en la que no vamos a entrar, pero por méritos propios.
El tiempo se había cumplido, nos encontrábamos en el descuento. El Atlético de Madrid había marcado hacía escasos minutos en Villareal, pero al Rayo le faltaba un gol. Y ese gol llegó en un remate de Tamudo de cabeza y la euforia se desató en el estadio de Vallecas. El aficionado que se encontraba a mi lado, y que no conocía de nada, me abrazó mientras se le derramaban las lágrimas de alegría. El campo se invadió de suplentes, cuerpo técnico y recogepelotas mientras los miembros de seguridad del estadio trataban de impedirlo. Por fin se reanudó el encuentro para que, en menos de un minuto, el árbitro pitara el final del encuentro. Y entonces, todo se desbordó...




Como si se hubiera ganado una importante competición, la afición del Rayo Vallecano saltó al campo de fútbol para mostrar su alegría y sentimiento, la de todo un barrio, Vallecas, que siente los colores de su club de fútbol.


Vamos Rayito, VALLEKAS está contigo,
y todo Madrid.
Fuerza en VALLEKAS, demuéstrale tu destreza,
a todo el país.
Romario no está, aquí no hay capital,
pero nos da igual, ¡aquí hay calidad!,
y si no te gusta pues te vas, porque chaval,
¡esto es VALLEKAS!. 

Y yo me siento orgulloso de ser vallecano, y de haber estado allí el domingo, junto a Jorge y a Óscar para certificar la permanencia del Rayo Vallecano en Primera División. Y también junto a Marga, que no sale en la foto porque es quien la hizo.


(Fotos: Marga Muro)

lunes, abril 11, 2011

Mi pueblo

Mi pueblo, el pueblo donde vivo, ni es blanco ni cuelga de un barranco, como diría la canción de Serrat, pero es uno de los más bellos de la Sierra de Madrid. Para muestra un botón. Según cuentan las crónicas, originariamente se llamaba Porquerizas de la Sierra, debiendo su actual nombre a Isabel de Borbón, esposa del rey Felipe IV, cuando hacia 1627 se dirigía al Monasterio del Paular. En mitad del viaje hizo un descanso al pie de la Najarra, en una meseta que se encuentra en la cima de la Raya y que aún hoy se conoce como la Parada del Rey. La reina se fijó en unas flores y exclamó: "¡Mira, flores!". Al oírla, alguien de su comitiva propuso a su majestad cambiar el nombre de Porquerizas por aquella expresión. No se puede asegurar con certeza este hecho, pero es una bonita historia popular.



Ayer, domingo, no pude evitar la tentación de comprarme esta postal antigua de Miraflores de la Sierra, del Ayuntamiento y la entonces llamada Plaza del Generalísimo (hoy Plaza de España).
Dejaremos para otra ocasión un recorrido por este pueblo con fotos más actuales de mi archivo para no apartarnos de lo que queríamos contar. El gentilicio de Miraflores es mirafloreño, si bien, los habitantes del lugar utilizan el término macureño. Mis hijas son macureñas. A los que vivimos en Miraflores pero no somos de aquí, se nos denomina carrilanos. Y sí, yo soy carrilano; además, nunca he renunciado a mi origen: Vallecas.



Hace casi un año, durante la anterior edición de la Feria del Libro, encontré y me compré el libro Vallecas. Fotos antiguas de Sixto Rodríguez, un delicioso paseo en blanco y negro por el que fuera el barrio de mi infancia, adolescencia y gran parte de mi juventud.



La foto suoperior, de 1925, nos muestra la boca del metro del Puente de Vallecas, lugar fronterizo para nosotros, los vallecanos, pues más allá empezaba la civilización. Nos criamos en la calle, jugando al balón, a las canicas, a las chapas o a la peonza, o paseábamos hata el Bulevar, protagonista posterior de la llamada movida vallecana o, junto a la Plaza Vieja, de la Batalla Naval de Vallecas que se celebra desde 1982 con motivo de las fiestas del Carmen, patrona de Vallecas. Porque Vallecas, desde la transición, ha defendido su independencia y su derecho a un puerto de mar.



Por aquellos años, los vallecanos, fuera de Vallecas, teníamos mala fama. Incultura y peligrosidad social se asociaban a nuestro barrio, y algo de ello había. La droga y las bandas callejeras no dejaban buena imagen.



Pero en mis primeros recuerdos de la infancia, Vallecas era lo más parecido a un pueblo, un pueblo dentro del propio Madrid, o más propiamente, extrarradio. Recuerdo las "excursiones" al barrio de Doña Carlota con mi madre y mi abuela, no recuerdo para qué, pero donde mi hermano y yo jugábamos con una perra que se llamaba Luna.



Mi pueblo, el de verdad, el de mis orígenes, había empezado a dejar de serlo hacia finales de los años 80. Pero es el 11 de diciembre de 1995 cuando deja de serlo definitivamente. Aquel día tuvo lugar uno de los más terribles atentados de ETA, a la altura del Puente de Vallecas.