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domingo, julio 31, 2016

De las placas que nombran a las calles

De siempre nos ha llamado la atención las placas de las calles de los diferentes sitios que visitamos por la variedad de las mismas y, en muchos casos, su originalidad. Llamativas resultan, por ejemplo, las de Vitoria-Gasteiz.



En otros casos, las placas de las calles nos ilustran ubicándonos un personaje en la línea del tiempo; es el caso de Mérida.



A propósito de Cervantes, ¿en qué ciudad española no existe una calle que se llame Cervantes? En el caso de Segovia, la placa de la calle Cervantes lleva, además, una cita del Quijote.


 O, siguiendo en la misma Segovia, alguna referencia añadida al nombre de la calle como es el caso de la Plaza de Medina del Campo.


Es casi imposible no encontrar en las ciudades castellanas alguna referencia a la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522) o a alguno de los famosos comuneros: Padilla, Bravo o Maldonado.


O a todos ellos como es el caso de la Plaza de los Comuneros de Mora.


En Madrid, donde las placas de las calles de la zona centro se renovaron hace años, una referencia a la Guerra de las Comunidades podemos encontrarla en la calle Carretas, denominada así porque se utilizaron carretas para formar un parapeto en la defensa de Madrid.


Y ya que estamos en Madrid, ¡cómo dejar fuera a la Puerta del Sol o la Cava Baja!



Claro que, si existe una Cava Baja, ha de existir una calle de la Cava Alta.


Y ya puestos, no puedo por menos de hacer mi pequeño homenaje a ruda con la placa de la calle de la Ruda en Madrid.


Además, desde la calle de la Ruda, saliendo a la Plaza de la Cebada, podemos dar un paseo por la calle Toledo en dirección a la Plaza Mayor.



No podemos resistirnos, al hacer referencia a la calle Toledo en Madrid, trasladarnos a la propia ciudad de Toledo para buscar la calle que menciona a otro Toledo, el que existe en Ohio.


Algo llamativo en la historia de los pueblos y las ciudades son los cambios de los nombres de las mismas frecuentemente por motivos políticos. Es interesante comprobar, esta vez en Peñafiel, alguna referencia en la propia placa al nombre o nombres anteriores al actual.



En el sur, en Andalucía, son muy dados a los homenajes a cantautores y cantantes, ya sea desaparecidos, como es el caso de Carlos Cano en Barbate


o todavía vivos, como es el caso de Paquita Rico en Chipiona.


Y ya que andamos por el sur, ¡cómo no hacer referencia a la calleja estrecha, en forma de L, del Lorito, en Tarifa.

Nos queda cierta amargura en el cuerpo por no haber fotografiado en cada uno de los pueblos chicos de España, las placas de la calle Amargura que casi todo pueblo español que se honre tiene. Para muestra, el de Cercedilla.


Podríamos seguir con innumerables ejemplos de placas de calles pero, como se suele decir, para muestra un botón. Antes de poner punto final a esta entrada, no podemos resistirnos al bonito homenaje, en Bruselas, a los personajes de cómic que renombran a muchas calles de la ciudad.




Algo a lo que ya hicimos referencia tiempo atrás a propósito de la ruta del cómic. No en vano, Bruselas es la capital mundial del cómic.

domingo, junio 09, 2013

La catedral

Sentía curiosidad por visitar la Catedral Primada de Toledo desde los tiempos en los que la lectura del libro La Catedral, de Vicente Blasco Ibáñez, allá por mi juventud, acentuaron mi incipiente anticlericalismo. Mis recuerdos anteriores, de una visita previa, supongo que permanecerán inaccesibles en algún lugar de mi memoria. Una visita actual, hace unos días, con una visión más imparcial como consecuencia de la moderación que te suele provocar el paso de los años, y superada mi alergia a los lugares santos del cristianismo por una exposición creciente a los mismos (algo así como una vacuna frente a la alergia), he de reconocer que la Catedral Primada de Toledo es un auténtico tesoro histórico de los convulsos acontecimientos medievales de la ciudad de Toledo.


Pero algo que me ha resultado llamativo es, aunque lo digan los libros, lo cual está muy bien, comprobar por uno mismo influencias de unos artistas sobre otros en el resultado final de sus obras arquitectónicas y pictóricas. La pequeña capilla de San Blas, en el claustro, presenta una hermosa y llamativa decoración que recuerda, inevitablemente, la capilla de los Scrovegni de Padova y los impresionantes frescos de Giotto que allí pueden admirarse.



La Virgen Blanca de la Catedral, una de las muchas que hay, es una de las más llamativas por estar esculpida en alabastro.


El Transparente de la Catedral es algo único, en mi conocimiento, y desmonta mi concepto previo, el que tenía, de la Catedral de Toledo como un lugar lúgubre y sórdido, probablemente influenciado por la obra de Blasco Ibáñez.



A estas alturas de mi vida, he de reconocer que, de haberme dedicado a la Historia del Arte, me hubiera especializado en Catedrales. Todas son únicas y características dentro del monocorde orden impuesto en la época en la que se construyeron: la catedral de Burgos, la de Vitoria, la de Santiago de Compostela, la de Segovia, la de Valencia…; o al otro lado de los Pirineos, la de Notre-Dame, Sant Denis, Milán o Florencia, por poner algunos ejemplos.