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domingo, enero 04, 2015

Idiotas para siempre

Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano
Schiller

Las revistas científicas en ocasiones nos ofrecen auténticos regalos con estudios que rozan el disparate o al menos pretenden resultar hilarantes para apartarnos durante un rato del apabullante rigor y crueldad del método científico. Una de ellas es el Annals of Improbable Research, al que a veces hemos hecho referencia en este blog, y los Ig Nobel que se derivan de esas investigaciones publicadas en dicha revista. Pero, además, revistas científicas de las denominadas serias, publican en ocasiones artículos cuando menos curiosos. Es el caso de Acta Neurochirurgica que en 2011 publicó el artículo Traumatic brain injuries in illustrated literature: experience from a series of over 700 head injuries in the Asterix comic books y en el que los autores analizaban la epidemiología y los factores de riesgo específicos de los traumatismos craneoencefálicos en la colección completa de los 34 libros de Asterix (ver referencia).
El mes pasado, la prestigiosa revista BMJ, nos deleitaba con el artículo: The Darwin Awards: sex differences in idiotic behaviour (BMJ 2014;349:g7094) en el que sus autores ponen a prueba la Teoría del Macho Idiota para explicar las diferencias entre sexos en relación a los comportamientos de búsqueda de situaciones de riesgo. Para ello analizaron el sexo de los ganadores de los Premios Darwin desde 1995, comprobando que los hombres representaban el 88,7% de los casos, lo que confiere un elevado grado de significación estadística que apoya la hipótesis que los hombres son idiotas, y que los idiotas hacen cosas estúpidas.


Pero para entender bien estas llamativas conclusiones, hay que saber qué son los Premios Darwin. Se trata de unos premios irónicos basados en el supuesto de que la humanidad mejora genéticamente cuando ciertas personas sufren accidentes, muertes o esterilizaciones por un error absurdo o un descuido debido a una conducta objetivamente estúpida.


Para ser digno merecedor de un Premio Darwin, se exigen una serie de requisitos fundamentales:
1-El candidato debe estar muerto o haber quedado estéril para asegurar que no transmite su descendencia.


El portador de esta camiseta solo podría ser nominado en el caso de quedar estéril.
2-El candidato debe hacer gala de una asombrosa falta de sensatez. Por ejemplo, Hoy, de 39 años de edad, cayó desde 24 pisos de altura del Banco de Toronto mientras explicaba la firmeza de la construcción de las ventanas a unos estudiantes de Derecho que estaban de visita. Los cristales de la ventana no eran tan resistentes como cabría esperar.


3-El causante de la "Imposibilidad de reproducción" - el punto número uno - debe ser uno mismo.
4-La persona debe estar en su sano juicio.
5-El acontecimiento debe ser verificado.

La lista de ganadores de los Premios Darwin es bastante amplia y para el estudio publicado en BMJ la casuística se basó en 318 casos perfectamente documentados. Existe incluso una película basada en los Premios Darwin: The Darwin Awards, subtitulada en español Muertes de risa (Finn Taylor, 2006).


Pero lo cierto es que no se necesitan estudios científicos ni Premios Darwin para demostrar la Teoría del Macho Idiota. Mi compañera de trabajo, Marta, sostiene que los hombres somos idiotas porque, genéticamente, a nuestro cromosoma Y le falta una de las patitas del cromosoma X. Quizás sea esa "delección" cromosómica la responsable de que la "patita no cromosómica" de más que portamos, provoque desplazamientos neuronales en la forma de pensar capaces de originar comportamientos habitualmente erróneos que puedan acabar rayando la estupidez más extrema posible. Eso sí sería algo interesante de estudiar de forma científica.

viernes, marzo 28, 2014

Hace dos años

Hoy hace dos años de la publicación de una de las entradas más curiosas de este blog: Érase una vez o el cuento como modelo de artículo científico. Hemos querido re-publicarlo a instancias de alguna que otra petición del oyente. La idea original era haberlo mandado para su consideración para la publicación en la prestigiosa revista Improbable Research, pero al final acabo siendo publicado en este modesto blog.

Érase una vez o el cuento como modelo de artículo científico

Si analizamos la estructura de un cuento y la de un artículo científico (AC), observaremos que hay una gran similitud estructural entre ambos géneros, si bien es cierto que mientras en el cuento se estimula y resulta deseable la creatividad y el uso lingüístico de metáforas y otras lindezas literarias, en general, estas suelen estar vedadas al AC para que resulte más formal (ladrillo).
Tanto el cuento como el AC (con alguna excepción, como por ejemplo los artículos de revisión, como es este caso) constan de un inicio, un nudo o desarrollo y un desenlace, que en el caso del AC se denominan introducción, material y métodos y resultados (Tabla I). Las conclusiones del AC se asemejan a la moraleja del cuento. Pero ¿y la discusión del AC? En el AC es una parte importante del mismo que en el caso del cuento resulta completamente innecesaria por la obviedad del mismo. Quizás sea por esto por lo que la mayoría de la gente prefiere un cuento a un AC. Pero volveremos más adelante sobre este asunto.

Tabla I: Estructuras del Cuento y del Artículo Científico.



El cuento debemos planteárnoslo como una observación única, esto es, sería lo más parecido a un case report. Pero podemos suponer que lo leemos una y otra vez a modo de repetición de un experimento para tener una serie de casos con el fin de establecer un grado de significación estadística. La única diferencia sería que en el cuento el resultado sería siempre el mismo a diferencia de nuestro experimento que motiva el AC. Esto es, el resultado del cuento sería el que es con una p < 0,000, mientras que en el AC la p no alcanzaría nunca un nivel tan elevado.
Utilicemos el caso concreto del cuento los tres cerditos, cuento popular anónimo probablemente anterior al siglo XVIII, para mostrar como sigue la estructura de un AC. De las diferentes versiones encontradas en la revisión de la literatura, hemos elegido la versión más clásica: tres cerditos que viven en el bosque construyen sus casas de diferentes materiales: paja, leña y ladrillo. Dependiendo de nuestra actividad científica, sería equiparable a evaluar tres tipos de intervención, tres medicamentos, tres formas de administración de dicho medicamento, etc.
En el cuento, el lobo se dedica a derribar las casas de los dos primeros cerditos de un potente soplido, es decir, se está analizando el efecto del soplido del lobo sobre los diferentes tipos de material empleados por los tres cerditos en la construcción de sus casas (Fig.1). Lo que nosotros presentamos en nuestro AC es si una causa (el lobo) y una intervención (el soplido) sobre cada una de nuestras variables (las casas), tiene un determinado efecto (el derribo o no).


Figura 1: El cuento de los tres cerditos contado en una hoja bloque filatélica de St. Vincent.

Aquí es donde el AC debe alcanzar una serie de matices engorrosos que sobran en el caso del cuento, porque en el material y métodos (el nudo) deberíamos aclarar si se trata de cerditos domésticos albar (Sus scrofa castilianus) o arochos (Sus scrofa baeticus), por poner un ejemplo.
Decíamos antes que una diferencia fundamental entre un cuento y un AC era el apartado de la discusión. En efecto, si nosotros pretendemos mostrar el cuento de los tres cerditos como un AC, en el apartado de la discusión deberíamos plantearnos si los resultados se hubieran visto alterados como consecuencia de la dirección del viento (a favor o en contra) o de la velocidad del mismo (ejemplo, el lobo soplando con una velocidad del viento de 50 km/h en contra), o si el lobo estuviera completamente sano o aquejado de una proceso catarral agudo o crónico (EPOC, enfisema, etc…)
Lo que no tiene en cuenta el cuento y sí debe tenerse presente en el AC es el carácter evolutivo de la intervención de la variable estudiada. Por ejemplo, el cuento de los tres cerditos no considera que, en los tiempos actuales y después de llevar prácticamente tres siglos soplando, el lobo debería haber evolucionado, como lo hacen nuestros virus y bacterias, hacia un lobo más adaptado a los tiempos modernos que, ante el hecho de no conseguir derribar de un soplido la casa del tercer cerdito, lo lógico es que recurriese a una grúa de derribo con una pesada bola de acero.
Al igual que en la ciencia todo es debatible y cuestionable, el cuento también puede serlo, como es el caso de la revisión llevada a cabo recientemente para el cuento de los tres cerditos por el periódico británico The Guardian (1).
En todo científico es presumible que persista el alma del niño que se crió con los cuentos antes que con la lectura de los AC. Es por tanto previsible que solo cambie la forma de contar las cosas. Según este planteamiento, no termina de quedar del todo claro si un cuentista es un científico frustrado, o un científico es un literato fallido. En cualquier caso, literato o científico, se trataría de alguien que, como diría Isaac AsimovLa frase más emocionante de escuchar en la ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es" Eureka! " si no, "Eso es divertido ..."
Al ser este un artículo de revisión, no es aplicable la estructura mencionada para un AC.

¿Cómo quedaría el cuento de los tres cerditos adaptado a la forma de un AC?
Título: Efecto del soplido del lobo sobre tres diferentes materiales empleados por los cerditos para construir sus casas.
Introducción: El lobo es un depredador carnívoro salvaje que ocasionalmente ejerce su depredación sobre animales domésticos tales como ovejas, gallinas o cerditos. Conocido es que el principal depredador de pollos y gallinas es el zorro. Aunque menos frecuentemente reportado en la literatura, los lobos no desaprovechan la ocasión de atacar y comer carne de cerdo de presentarse la ocasión. Estudiamos en este caso la estrategia desarrollada por el lobo para destruir las guaridas de tres cerditos en tres diferentes situaciones.
Material y Métodos: Tres cerditos (Sus scrofa castilianus) fueron emplazados a construir sus respectivas guaridas empleando materiales distintos: paja, leña y ladrillos. Un lobo común (Canis lupus), completamente sano tras la realización de una espirometría para descartar asma o EPOC, fue utilizado para la realización de un soplido y comprobar la resistencia de los materiales empleados por los tres cerditos.
Resultados: Las casas construidas con paja y leña de los dos primeros cerditos no resistieron el efecto del soplido del lobo, mientras que la de ladrillo sí, incluso aunque el lobo lo intentara repetidas veces (p < 0,000).
Discusión: Aunque se trata de una muestra pequeña (n=1), el grado de significación estadística alcanzado resulta tan elevado que nos permite obtener conclusiones muy interesantes. Si bien es cierto que no se tuvieron en cuenta las condiciones atmosféricas existentes, tales como la velocidad del viento o la dirección de este, dejamos para futuros experimentos estas cuestiones para precisar mejor los efectos del soplido del lobo. Aunque se hayan considerado otras hipótesis, una posible alergia del lobo (2) como la responsable de los estornudos que derribaron las casas de los dos primeros cerditos, este hecho no resulta relevante en este trabajo de investigación por cuanto que el ejemplar empleado de Canis lupus fue un animal sano. El papel de la inclemencia climática (3), reportado en la literatura, aunque pudieran dar el mismo resultado que el soplido del lobo, no fue el objetivo de este estudio.
Conclusión: El soplido del lobo es una estrategia significativa para derribar las guaridas de paja o de leña de los cerditos, pero no así la de ladrillos.

En mi experiencia personal, este modelo de AC me ha servido para la publicación de más de una decena de artículos por cuanto que se trata simplemente de ir sustituyendo los diferentes protagonistas del cuento (lobo, soplido, material de las casas, derribo) por los de nuestra actividad investigadora objeto del AC (causa, intervención, variable, resultado) (Fig 2).


Figura 2: Adaptación del cuento de los tres cerditos a una actividad investigadora determinada (Nota: hemos sustituido al lobo por el más entrañable Taz, el personaje de la Warner y que es un diablo de Tasmania).

Bibliografía:
1. “The Guardian” reinventa la fábula de los tres cerditos. Disponble en: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/01/comunicacion/1330604901.html
2. Nylsa. Los 3 cerditos mafiosos (contado por el lobo). En: http://www.elotrolado.net/hilo_los-3-cerditos-mafiosos-contado-por-el-lobo_139207
3. En: http://www.amnistiacatalunya.org/edu/material/htm/3cerditos-m.pradenas.html


martes, abril 10, 2012

Buscando, buscando

Nuestra habitual inquietud por el conocimiento humano, en general, nos suele llevar, buscando, buscando, a curiosos hallazgos que nos invitan a pensar, reflexionar y, en ocasiones, a una cierta euforia no disimulada. Tal es el caso de un artículo publicado en la Revista Modares de Ciencias Médicas. Esta revista científica es publicada por la Tarbiat Modares University de Irán, y el artículo en cuestión es el siguiente:



Por si no lo veis bien, el título del artículo es el siguiente:

تأثير آلودگي توكسوپلاسما گوندي بر اسپرماتوژنز رت بالغ

Que en el fluido persa de Google, significa: El efecto de la infección por Toxoplasma gondii sobre la espermatogénesis en ratas adultas.

Hasta aquí nada de particular si no fuera porque dicho artículo menciona, entre sus referencias bibliográficas, un artículo mío. ¡De ahí la euforia!
Me habían hecho referencia a diferentes artículos en revistas chinas



e, incluso, en una revista serbia



pero nunca en árabe o farsi. Y ello me ha producido una gran emoción.

El artículo que me citan, tanto iraníes como serbios, es un artículo publicado en la revista Journal of Urology en 1996: Protozoan infections in the male genital tract. Como se trataba de un artículo de revisión, no seguía la estructura del cuento de que hablábamos en la entrada anterior. Es uno de los artículos de los que más orgulloso me siento porque, de una manera velada, anunciábamos la posibilidad de la transmisión sexual de algunas enfermedades protozoarias que, hasta la fecha, no habían sido descritas aún. Era el caso de la Toxoplasmosis en humanos y, muy de refilón, de la Trypanosomiasis africana. Es por ello por lo que, cuando vi el capítulo de la 1ª temporada de House, Fidelidad, no pude menos que esbozar una gran satisfacción al comprobar que se llevaba a la pantalla algo que habíamos sugerido pero que hubo que esperar a la publicación, en 2004, del primer caso de transmisión sexual de tripanosomiasis africana bien documentado en la revista Lancet: Possible cases of sexual and congenital transmission of sleeping sickness (Rocha et al.)



El episodio, rodado el mismo año que la publicación del caso en Lancet, parece demostrar que los guionistas de House se inspiran en los raros casos que se publican en las prestigiosas revistas científicas, ¡quién sabe! a lo mejor también la Revista Modares de Ciencias Médicas de Irán.

miércoles, marzo 28, 2012

Érase una vez o el cuento como modelo de artículo científico

Si analizamos la estructura de un cuento y la de un artículo científico (AC), observaremos que hay una gran similitud estructural entre ambos géneros, si bien es cierto que mientras en el cuento se estimula y resulta deseable la creatividad y el uso lingüístico de metáforas y otras lindezas literarias, en general, estas suelen estar vedadas al AC para que resulte más formal (ladrillo).
Tanto el cuento como el AC (con alguna excepción, como por ejemplo los artículos de revisión, como es este caso) constan de un inicio, un nudo o desarrollo y un desenlace, que en el caso del AC se denominan introducción, material y métodos y resultados (Tabla I). Las conclusiones del AC se asemejan a la moraleja del cuento. Pero ¿y la discusión del AC? En el AC es una parte importante del mismo que en el caso del cuento resulta completamente innecesaria por la obviedad del mismo. Quizás sea por esto por lo que la mayoría de la gente prefiere un cuento a un AC. Pero volveremos más adelante sobre este asunto.

Tabla I: Estructuras del Cuento y del Artículo Científico.



El cuento debemos planteárnoslo como una observación única, esto es, sería lo más parecido a un case report. Pero podemos suponer que lo leemos una y otra vez a modo de repetición de un experimento para tener una serie de casos con el fin de establecer un grado de significación estadística. La única diferencia sería que en el cuento el resultado sería siempre el mismo a diferencia de nuestro experimento que motiva el AC. Esto es, el resultado del cuento sería el que es con una p < 0,000, mientras que en el AC la p no alcanzaría nunca un nivel tan elevado.
Utilicemos el caso concreto del cuento los tres cerditos, cuento popular anónimo probablemente anterior al siglo XVIII, para mostrar como sigue la estructura de un AC. De las diferentes versiones encontradas en la revisión de la literatura, hemos elegido la versión más clásica: tres cerditos que viven en el bosque construyen sus casas de diferentes materiales: paja, leña y ladrillo. Dependiendo de nuestra actividad científica, sería equiparable a evaluar tres tipos de intervención, tres medicamentos, tres formas de administración de dicho medicamento, etc.
En el cuento, el lobo se dedica a derribar las casas de los dos primeros cerditos de un potente soplido, es decir, se está analizando el efecto del soplido del lobo sobre los diferentes tipos de material empleados por los tres cerditos en la construcción de sus casas (Fig.1). Lo que nosotros presentamos en nuestro AC es si una causa (el lobo) y una intervención (el soplido) sobre cada una de nuestras variables (las casas), tiene un determinado efecto (el derribo o no).


Figura 1: El cuento de los tres cerditos contado en una hoja bloque filatélica de St. Vincent.


Aquí es donde el AC debe alcanzar una serie de matices engorrosos que sobran en el caso del cuento, porque en el material y métodos (el nudo) deberíamos aclarar si se trata de cerditos domésticos albar (Sus scrofa castilianus) o arochos (Sus scrofa baeticus), por poner un ejemplo.
Decíamos antes que una diferencia fundamental entre un cuento y un AC era el apartado de la discusión. En efecto, si nosotros pretendemos mostrar el cuento de los tres cerditos como un AC, en el apartado de la discusión deberíamos plantearnos si los resultados se hubieran visto alterados como consecuencia de la dirección del viento (a favor o en contra) o de la velocidad del mismo (ejemplo, el lobo soplando con una velocidad del viento de 50 km/h en contra), o si el lobo estuviera completamente sano o aquejado de una proceso catarral agudo o crónico (EPOC, enfisema, etc…)
Lo que no tiene en cuenta el cuento y sí debe tenerse presente en el AC es el carácter evolutivo de la intervención de la variable estudiada. Por ejemplo, el cuento de los tres cerditos no considera que, en los tiempos actuales y después de llevar prácticamente tres siglos soplando, el lobo debería haber evolucionado, como lo hacen nuestros virus y bacterias, hacia un lobo más adaptado a los tiempos modernos que, ante el hecho de no conseguir derribar de un soplido la casa del tercer cerdito, lo lógico es que recurriese a una grúa de derribo con una pesada bola de acero.
Al igual que en la ciencia todo es debatible y cuestionable, el cuento también puede serlo, como es el caso de la revisión llevada a cabo recientemente para el cuento de los tres cerditos por el periódico británico The Guardian (1).
En todo científico es presumible que persista el alma del niño que se crió con los cuentos antes que con la lectura de los AC. Es por tanto previsible que solo cambie la forma de contar las cosas. Según este planteamiento, no termina de quedar del todo claro si un cuentista es un científico frustrado, o un científico es un literato fallido. En cualquier caso, literato o científico, se trataría de alguien que, como diría Isaac Asimov: La frase más emocionante de escuchar en la ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es" Eureka! " si no, "Eso es divertido ..."
Al ser este un artículo de revisión, no es aplicable la estructura mencionada para un AC.

¿Cómo quedaría el cuento de los tres cerditos adaptado a la forma de un AC?
Título: Efecto del soplido del lobo sobre tres diferentes materiales empleados por los cerditos para construir sus casas.
Introducción: El lobo es un depredador carnívoro salvaje que ocasionalmente ejerce su depredación sobre animales domésticos tales como ovejas, gallinas o cerditos. Conocido es que el principal depredador de pollos y gallinas es el zorro. Aunque menos frecuentemente reportado en la literatura, los lobos no desaprovechan la ocasión de atacar y comer carne de cerdo de presentarse la ocasión. Estudiamos en este caso la estrategia desarrollada por el lobo para destruir las guaridas de tres cerditos en tres diferentes situaciones.
Material y Métodos: Tres cerditos (Sus scrofa castilianus) fueron emplazados a construir sus respectivas guaridas empleando materiales distintos: paja, leña y ladrillos. Un lobo común (Canis lupus), completamente sano tras la realización de una espirometría para descartar asma o EPOC, fue utilizado para la realización de un soplido y comprobar la resistencia de los materiales empleados por los tres cerditos.
Resultados: Las casas construidas con paja y leña de los dos primeros cerditos no resistieron el efecto del soplido del lobo, mientras que la de ladrillo sí, incluso aunque el lobo lo intentara repetidas veces (p < 0,000).
Discusión: Aunque se trata de una muestra pequeña (n=1), el grado de significación estadística alcanzado resulta tan elevado que nos permite obtener conclusiones muy interesantes. Si bien es cierto que no se tuvieron en cuenta las condiciones atmosféricas existentes, tales como la velocidad del viento o la dirección de este, dejamos para futuros experimentos estas cuestiones para precisar mejor los efectos del soplido del lobo. Aunque se hayan considerado otras hipótesis, una posible alergia del lobo (2) como la responsable de los estornudos que derribaron las casas de los dos primeros cerditos, este hecho no resulta relevante en este trabajo de investigación por cuanto que el ejemplar empleado de Canis lupus fue un animal sano. El papel de la inclemencia climática (3), reportado en la literatura, aunque pudieran dar el mismo resultado que el soplido del lobo, no fue el objetivo de este estudio.
Conclusión: El soplido del lobo es una estrategia significativa para derribar las guaridas de paja o de leña de los cerditos, pero no así la de ladrillos.

En mi experiencia personal, este modelo de AC me ha servido para la publicación de más de una decena de artículos por cuanto que se trata simplemente de ir sustituyendo los diferentes protagonistas del cuento (lobo, soplido, material de las casas, derribo) por los de nuestra actividad investigadora objeto del AC (causa, intervención, variable, resultado) (Fig 2).


Figura 2: Adaptación del cuento de los tres cerditos a una actividad investigadora determinada (Nota: hemos sustituido al lobo por el más entrañable Taz, el personaje de la Warner y que es un diablo de Tasmania).

Bibliografía:
1. “The Guardian” reinventa la fábula de los tres cerditos. Disponble en: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/01/comunicacion/1330604901.html
2. Nylsa. Los 3 cerditos mafiosos (contado por el lobo). En: http://www.elotrolado.net/hilo_los-3-cerditos-mafiosos-contado-por-el-lobo_139207
3. En: http://www.amnistiacatalunya.org/edu/material/htm/3cerditos-m.pradenas.html

lunes, enero 16, 2012

¿Se han vuelto locos estos germanos?

Marcel Kamp, Philipp Slotty, Sevgi Sarikaya-Seiwert, Hans-Jakob Steiger y Daniel Hänggi son miembros del Departamento de Neurocirugía de la Heinrich-Heine-University de Düsseldorf y autores de un reciente trabajo publicado en la prestigiosa revista europea Acta Neurochirurgica. Los artículos científicos, la mayoría, nos suelen dejar indiferentes, en especial cuando tratan de un tema que no es nuestro campo de actuación. Algunos, nos impactan y, de vez en cuando, alguno que otro nos descoloca. Es el caso del artículo que firman estos prestigiosos neurocirujanos alemanes y que lleva por título Traumatic brain injuries in illustrated literature: experience from a series of over 700 head injuries in the Asterix comic books (Acta Neurochir (2011) 153:1351–1355).
En este artículo, los autores analizan la epidemiología y los factores de riesgo específicos de los traumatismos craneoencefálicos en la colección completa de los 34 libros de Asterix.
El artículo, el cual me he leído con auténtico interés, resulta realmente delicioso. Que un artículo científico comience con el conocido párrafo:
Año 50, antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? !No! Un poblado habitado por irreducibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no resulta fácil para las guarniciones de legionarios romanos de los campamentos fortificados de Babaorum, Acuarium, Laudanum y Petibonum...
obviamente en inglés, promete.

Entre los principales resultados obtenidos en este minucioso trabajo de investigación destacan que, de los 704 casos identificados, los romanos fueron, con 450 casos (63,9%), el principal colectivo afectado.



Desde un punto de vista epidemiológico, se analizan los traumatismos craneoencefálicos por género (hombre/mujer, 698/6)



así como por grupo étnico, incluyendo cuatro casos producidos en extraterrestres.



De lo mejor del artículo es el análisis de la gravedad de las lesiones producidas aplicando la escala de coma de Glasgow (GCS):
-390 casos (55,4%) fueron traumatismos graves con un GCS entre 3 y 8;
-89 casos (12,6%), obtuvieron un GCS entre 9 y 12;
-225 casos (31,9%) fueron traumatismos leves con un GCS entre 13 y 15.

Para tranquilizar al personal, los autores mencionan que no se produjo ni un sólo caso de muerte o daño neurológico permanente. Tampoco se observó ningún caso de dilatación pupilar como signo de un aumento de la presión intracraneal indicativo de un daño grave.
Junto a la alteración de la conciencia, la equimosis periorbital, también conocida como signo de ojo de mapache, se apreció en 359 casos (50,9%), lo que suele indicar una fractura de la base del cráneo. Sin embargo, otros signos de fractura de la base del cráneo, como son la rinorrea, la otorrea de líquido cefalorraquídeo o la equimosis retroauricular, no se observó en ningún caso.



La alteración de la conciencia junto a la parálisis del nervio hipogloso, lo que se manifiesta por la extensión de la lengua hacia un lado, resultó también un hallazgo frecuente en 188 casos (26,7%).



La mayor parte de los casos de traumatismos craneoencefálicos (87,1%) fueron causados por los galos, siendo los personajes de Asterix y Obelix los responsables en más de la mitad del total de los casos (57,6%).
Un llamativo hallazgo fue el de que en 588 casos (83,5%), los traumatismos fueron consecuencia directa de la ingestión de un agente dopante llamado poción mágica, demostrando, además, la existencia de una asociación estadísticamente significativa entre la gravedad de la lesión y la ingesta de dicha poción (p=0.000). Pero es más, la ingesta de la poción tras un traumatismo tuvo un inmediato efecto en la recuperación de la sintomatología en cinco casos bien documentados.



Un muy interesante dato de este trabajo es aquél en el que los autores encontraron que en 497 casos, los perceptores de un traumatismo se encontraban protegidos por el casco; sin embargo, en el 87,7% de los casos, lo perdieron durante el traumatismo, lo que parece indicar un pobre desarrollo tecnológico en aquella época de esta indumentaria para la prevención de lesiones cerebrales en caso de un traumatismo craneoencefálico. La pérdida del casco se asoció significativamente con la gravedad del trauma y la paresia del nervio hipogloso (p=0.000 y p=0.001, respectivamente).

Este artículo resulta imprescindible para el conocimiento de la epidemiología de los traumatismos craneoencefálicos en el año 50 antes de Cristo. De hecho, y pese a que se atribuye la primera descripción de un caso de afasia al escritor Valerius Maximus en el año 30 de nuestra era, en un ateniense que perdió la capacidad de memorizar las palabras tras una pedrada, los autores germanos de este interesante artículo mencionan el caso de un déficit neurológico prolongado de afasia y desorientación en el druida Panoramix tras ser golpeado en la cabeza por un menhir.





Se trata de un artículo científico de gran interés y relevancia para el conocimiento de los traumatismos craneoencefálicos en el año 50 a.C. a través de los universalmente conocidos personajes galos de Asterix y Obelix.