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martes, septiembre 08, 2015

¿Por qué Tintín no envejece?

Las aventuras de Tintín abarcan todo un período desde su primera aparición en Le Petit Vingtième en 1929 hasta 1976 en que se publicó el último Tintín, Tintín y los 'Pícaros'', ya que Tintín y el Arte Alfa (1986) es una obra póstuma e inacabada de Hergé al morir en 1983. Son 47 años de diferencia desde su primera aparición sin que en todo ese tiempo se denote el más mínimo paso del tiempo por este personaje de aspecto siempre juvenil y barbilampiño.
En una reciente publicación en la prestigiosa revista Presse Medical (Presse Med. 2015 Jun;44(6 Pt 1):e203-10. doi: 10.1016/j.lpm.2015.01.006. Epub 2015 May 11): Tintin's travel traumas: Health issues affecting the intrepid globetrotter (Caumes E, Epelboin L, Leturcq F, Kozarsky P, Clarke P.), los autores analizan el espectro de problemas de salud que Tintín sufrió a lo largo de sus 23 aventuras, así como las causas, consecuencias y relación con los viajes. De un total de 244 percances en materia de salud, 191 casos fueron traumatismos de los cuales la forma más común de trauma fue la conmoción cerebral (62%). En general, encontraron 46 pérdidas de conciencia de las cuales 29 fueron de origen traumático y 17 no traumáticas.

(Viñeta de El secreto del Unicornio)

Se trata de un trabajo muy parecido al que nos hacíamos eco en este mismo blog sobre el artículo de Marcel Kamp, Philipp Slotty, Sevgi Sarikaya-Seiwert, Hans-Jakob Steiger y Daniel Hänggi Traumatic brain injuries in illustrated literature: experience from a series of over 700 head injuries in the Asterix comic books (Acta Neurochir (2011) 153:1351–1355).
Amén de que siempre resulte agradable e interesante un poco de evasión en el árido y monótono mundo de la ciencia férreamente sometida al riguroso método científico, lo cierto es que la lectura de ambos artículos nos lleva a una pregunta razonable. ¿Por qué no pasan los años por los personajes de ficción? En el caso de Asterix y Obelix, la explicación podría estar en la famosa poción mágica que les hace invencibles frente a los romanos (y, probablemente, al paso del tiempo), aunque es bien cierto que hemos visto a los invencibles galos de pequeñitos en Asterix y lo nunca visto y en el no oficial Cómo Obelix se cayó en la marmita del druida cuando era pequeño.
Pero lo de Tintín es más difícil de explicar. Buscando, buscando... hemos acabado por dar con la respuesta. El artículo publicado en Canadian Medical Association Journal (CMAJ. 2004 Dec 7;171(12):1433-4.), Acquired growth hormone deficiency and hypogonadotropic hypogonadism in a subject with repeated head trauma, or Tintin goes to the neurologist, (Cyr A, Cyr LO, Cyr C), resulta interesante por dos motivos, porque arroja luz a la pregunta que titula este post, y por tratarse del artículo científico, hasta donde yo sé, en el que uno de sus firmantes es el autor más joven del que tengo conocimiento: 5 años en el momento de la publicación, Antoine Cyr.

(Viñeta de Tintín en América)

En dicho trabajo, los autores lazan una interesante hipótesis que explicaría el porqué no pasa el tiempo por este afamado personaje mundial. Tintín sufriría de una deficiencia de la hormona del crecimiento y un hipogonadismo hipogonadotrópico como consecuencia de los repetidos traumatismos craneoencefálicos en los que se ve envuelto durante sus aventuras. Está bien demostrado que la deficiencia de hormona gonadotrópica puede ser una consecuencia típica del daño cerebral postraumático, algo que puede demostrarse con resonancia magnética y que, lamentablemente no se ha realizado en el personaje de Tintín, como bien nos recuerda M. Castillo, editor en jefe del American Journal of Neuroradiology en su Tintin and Colleagues Go to the Doctor (AJNR 2011 32: 1975-1976).
En el trabajo de Cyr et al., los autores analizan además la gravedad de los traumatismos según el número de objetos sobre su cabeza durante el impacto (típicamente estrellas) y el tiempo de pérdida de la conciencia expresado en número de viñetas hasta volver a recobrarla. En el siguiente ejemplo se aprecia muy bien.


(Viñeta de Tintín en el Congo)

En el caso expuesto aquí, la gravedad del traumatismo sería de 11 estrellas y la pérdida de conciencia sería de 6 viñetas. Del total de episodios de pérdida de conciencia a lo largo de sus 23 aventuras (descontando el último álbum póstumo de Hergé), los autores encuentran que el promedio de "tiempo" de pérdida de conciencia es de 7,5 viñetas y 7,5 objetos (estrellas, la mayoría de las veces), no encontrando significación estadística entre ambos elementos.
Los autores de este interesantísimo trabajo concluyen que los repetidos traumatismos craneoencefálicos a los que ha sido sometido Tintín a lo largo de toda su existencia serían la causa del déficit de hormona de crecimiento responsable de que el personaje no crezca, y del hipogonadismo hipogonadotrópico causante de la ausencia del desarrollo sexual que cabría esperar del adolescente que es Tintín.

lunes, enero 16, 2012

¿Se han vuelto locos estos germanos?

Marcel Kamp, Philipp Slotty, Sevgi Sarikaya-Seiwert, Hans-Jakob Steiger y Daniel Hänggi son miembros del Departamento de Neurocirugía de la Heinrich-Heine-University de Düsseldorf y autores de un reciente trabajo publicado en la prestigiosa revista europea Acta Neurochirurgica. Los artículos científicos, la mayoría, nos suelen dejar indiferentes, en especial cuando tratan de un tema que no es nuestro campo de actuación. Algunos, nos impactan y, de vez en cuando, alguno que otro nos descoloca. Es el caso del artículo que firman estos prestigiosos neurocirujanos alemanes y que lleva por título Traumatic brain injuries in illustrated literature: experience from a series of over 700 head injuries in the Asterix comic books (Acta Neurochir (2011) 153:1351–1355).
En este artículo, los autores analizan la epidemiología y los factores de riesgo específicos de los traumatismos craneoencefálicos en la colección completa de los 34 libros de Asterix.
El artículo, el cual me he leído con auténtico interés, resulta realmente delicioso. Que un artículo científico comience con el conocido párrafo:
Año 50, antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? !No! Un poblado habitado por irreducibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no resulta fácil para las guarniciones de legionarios romanos de los campamentos fortificados de Babaorum, Acuarium, Laudanum y Petibonum...
obviamente en inglés, promete.

Entre los principales resultados obtenidos en este minucioso trabajo de investigación destacan que, de los 704 casos identificados, los romanos fueron, con 450 casos (63,9%), el principal colectivo afectado.



Desde un punto de vista epidemiológico, se analizan los traumatismos craneoencefálicos por género (hombre/mujer, 698/6)



así como por grupo étnico, incluyendo cuatro casos producidos en extraterrestres.



De lo mejor del artículo es el análisis de la gravedad de las lesiones producidas aplicando la escala de coma de Glasgow (GCS):
-390 casos (55,4%) fueron traumatismos graves con un GCS entre 3 y 8;
-89 casos (12,6%), obtuvieron un GCS entre 9 y 12;
-225 casos (31,9%) fueron traumatismos leves con un GCS entre 13 y 15.

Para tranquilizar al personal, los autores mencionan que no se produjo ni un sólo caso de muerte o daño neurológico permanente. Tampoco se observó ningún caso de dilatación pupilar como signo de un aumento de la presión intracraneal indicativo de un daño grave.
Junto a la alteración de la conciencia, la equimosis periorbital, también conocida como signo de ojo de mapache, se apreció en 359 casos (50,9%), lo que suele indicar una fractura de la base del cráneo. Sin embargo, otros signos de fractura de la base del cráneo, como son la rinorrea, la otorrea de líquido cefalorraquídeo o la equimosis retroauricular, no se observó en ningún caso.



La alteración de la conciencia junto a la parálisis del nervio hipogloso, lo que se manifiesta por la extensión de la lengua hacia un lado, resultó también un hallazgo frecuente en 188 casos (26,7%).



La mayor parte de los casos de traumatismos craneoencefálicos (87,1%) fueron causados por los galos, siendo los personajes de Asterix y Obelix los responsables en más de la mitad del total de los casos (57,6%).
Un llamativo hallazgo fue el de que en 588 casos (83,5%), los traumatismos fueron consecuencia directa de la ingestión de un agente dopante llamado poción mágica, demostrando, además, la existencia de una asociación estadísticamente significativa entre la gravedad de la lesión y la ingesta de dicha poción (p=0.000). Pero es más, la ingesta de la poción tras un traumatismo tuvo un inmediato efecto en la recuperación de la sintomatología en cinco casos bien documentados.



Un muy interesante dato de este trabajo es aquél en el que los autores encontraron que en 497 casos, los perceptores de un traumatismo se encontraban protegidos por el casco; sin embargo, en el 87,7% de los casos, lo perdieron durante el traumatismo, lo que parece indicar un pobre desarrollo tecnológico en aquella época de esta indumentaria para la prevención de lesiones cerebrales en caso de un traumatismo craneoencefálico. La pérdida del casco se asoció significativamente con la gravedad del trauma y la paresia del nervio hipogloso (p=0.000 y p=0.001, respectivamente).

Este artículo resulta imprescindible para el conocimiento de la epidemiología de los traumatismos craneoencefálicos en el año 50 antes de Cristo. De hecho, y pese a que se atribuye la primera descripción de un caso de afasia al escritor Valerius Maximus en el año 30 de nuestra era, en un ateniense que perdió la capacidad de memorizar las palabras tras una pedrada, los autores germanos de este interesante artículo mencionan el caso de un déficit neurológico prolongado de afasia y desorientación en el druida Panoramix tras ser golpeado en la cabeza por un menhir.





Se trata de un artículo científico de gran interés y relevancia para el conocimiento de los traumatismos craneoencefálicos en el año 50 a.C. a través de los universalmente conocidos personajes galos de Asterix y Obelix.