Cáceres es una hermosa ciudad, se mire donde se mire.
No en balde es Patrimonio de la Humanidad desde 1986 debido a que es uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo. La afición de mi "máquina de regañar" a coleccionar Patrimonios de la Humanidad nos ha llevado, en esta ocasión, a Cáceres, ciudad de conquistadores y muchas más cosas.
Ha sido como una especie de viaje al pasado, a un pasado conservado casi que por casualidad. Como decía el guía de la visita teatralizada que hicimos (absolutamente recomendable): Cáceres se ha conservado tal y como era gracias al olvido especulativo que provoca una ciudad relativamente pequeña.
Obviamente, el título de este post, viene de la propia palabra patrimonio en nuestra jerga habitual: patrimoño; y de ahí patrimoñar.
Como dice Marian: mires donde mires.
Pero la monumentalidad de esta impresionante ciudad no queda reflejada de forma adecuada en las fotos aquí reproducidas. Más que nunca ha quedado en evidencia la falta de un objetivo gran angular. No obstante, para muestra un botón: tenéis que conocella.
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miércoles, noviembre 06, 2013
lunes, septiembre 02, 2013
Più puntine
Siguiendo con la costumbre de mi mujer de coleccionar Patrimonios de la Humanidad visitados para colocar la chincheta (puntina en italiano) de turno, el último viaje en famiglia efectuado este verano ha sido para el país que ostenta el mayor número de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad, Italia, con 49.
A los ya previamente visitados, para esta ocasión tocaban: el Centro histórico de Nápoles; las zonas arqueológicas de Pompeya, Herculano y Torre Annunziata; el Centro histórico de Roma, los bienes de la Santa Sede situados en la ciudad y San Pablo Extramuros (Compartido con El Vaticano); y la propia Ciudad del Vaticano.
La prima puntina es para Nápoles. la ciudad más grande del sur de Italia.
La enorme Piazza del Plebiscito acoge el Palacio Real y la Basílica de San Francisco de Paula, uno frente a la otra.
Completan a los lados los 25.000 metros cuadrados de Plaza los palacios de la Prefectura y el de Salerno.
Muy cerca de allí nos encontramos con el castillo Maschio Angioino o Castel Nuovo que, a pesar del nombre, se inició su construcción en 1279.
Es uno de los cuatro castillos que hay en Nápoles y que requeriría más tiempo en la ciudad para poder visitarlos todos. Algo había que sacrificar por una escapada a la isla de Capri.
El centro histórico de Nápoles es un conjunto de palacios e iglesias donde se entremezclan los estilos románico medieval, renacentista, barroco y rococó, todo ello en medio de unas pintorescas calles y callejuelas como la Via San Gregorio Armeno donde destaca el campanile de la iglesia de San Lorenzo Maggiore.
Recorriendo la Via del Tribunali tras visitar el Duomo...
... nos vamos encontrando la iglesia de Girolamini en la plaza del mismo nombre
la de San Lorenzo Maggiore y la de Santa Maria del Purgatorio.
En la calle que discurre paralela a Via del Tribunali, la Via San Biagio del Librai, encontramos el Complesso Conventuale de Santa Chiara...
o la Chiesa del Gesu Nuovo.
En la Piazza San Domenico Maggiore, la iglesia del mismo nombre y el obelisco de San Domenico
y un poco más adelante, la iglesia de San Angelo a Nilo.
En cualquier caso, Nápoles en una ciudad con mucho que ver y poco tiempo para ello. Una ciudad a la que habrá que volver para visitar el Museo Arqueológico o las Catacumbas de San Gennaro que han quedado en tareas pendientes. No es el caso del aumento del número de belenes en miniatura de la colección de mi mujer. Los pesebres napolitanos y las natividades (nuestro tradicional belén), son algo de lo más tradicional en Nápoles, pero eso será motivo de una entrada futura.
Prossima puntina, Pompei.
A los ya previamente visitados, para esta ocasión tocaban: el Centro histórico de Nápoles; las zonas arqueológicas de Pompeya, Herculano y Torre Annunziata; el Centro histórico de Roma, los bienes de la Santa Sede situados en la ciudad y San Pablo Extramuros (Compartido con El Vaticano); y la propia Ciudad del Vaticano.
La prima puntina es para Nápoles. la ciudad más grande del sur de Italia.
La enorme Piazza del Plebiscito acoge el Palacio Real y la Basílica de San Francisco de Paula, uno frente a la otra.
Completan a los lados los 25.000 metros cuadrados de Plaza los palacios de la Prefectura y el de Salerno.
Muy cerca de allí nos encontramos con el castillo Maschio Angioino o Castel Nuovo que, a pesar del nombre, se inició su construcción en 1279.
Es uno de los cuatro castillos que hay en Nápoles y que requeriría más tiempo en la ciudad para poder visitarlos todos. Algo había que sacrificar por una escapada a la isla de Capri.
El centro histórico de Nápoles es un conjunto de palacios e iglesias donde se entremezclan los estilos románico medieval, renacentista, barroco y rococó, todo ello en medio de unas pintorescas calles y callejuelas como la Via San Gregorio Armeno donde destaca el campanile de la iglesia de San Lorenzo Maggiore.
Recorriendo la Via del Tribunali tras visitar el Duomo...
... nos vamos encontrando la iglesia de Girolamini en la plaza del mismo nombre
la de San Lorenzo Maggiore y la de Santa Maria del Purgatorio.
En la calle que discurre paralela a Via del Tribunali, la Via San Biagio del Librai, encontramos el Complesso Conventuale de Santa Chiara...
o la Chiesa del Gesu Nuovo.
En la Piazza San Domenico Maggiore, la iglesia del mismo nombre y el obelisco de San Domenico
y un poco más adelante, la iglesia de San Angelo a Nilo.
En cualquier caso, Nápoles en una ciudad con mucho que ver y poco tiempo para ello. Una ciudad a la que habrá que volver para visitar el Museo Arqueológico o las Catacumbas de San Gennaro que han quedado en tareas pendientes. No es el caso del aumento del número de belenes en miniatura de la colección de mi mujer. Los pesebres napolitanos y las natividades (nuestro tradicional belén), son algo de lo más tradicional en Nápoles, pero eso será motivo de una entrada futura.
Prossima puntina, Pompei.
lunes, agosto 12, 2013
Hécuba
Las sorpresas que me depara de vez en cuando mi mujer suelen ser tan interesantes como inquietantes. En esta ocasión, algo deseado desde tiempo ha: ver una obra de teatro clásico en el teatro romano de Mérida, en el marco del Festival de Teatro Clásico que este año celebra su edición 59.
La chincheta habitual en esta ocasión pasaba a segundo plano; la visita a un nuevo Patrimonio de la Humanidad no era el caso pues ya habíamos estado previamente en Mérida, en la Augusta Emerita. Sin quererlo, mi mujer acertó de pleno al elegir una de las tragedias de Eurípides que no había leído: Hécuba. Pese a ello, no resultaba complicado saber de qué trataba la obra y me lo planteé como el ejercicio de catarsis que usaban los griegos de la época cuando acudían al teatro a ver representada una tragedia sobre alguno de los mitos que conocían perfectamente.
Magníficamente interpretada por Concha Velasco, Hécuba es la historia de una madre que pierde uno a uno a sus hijos.
Mi mujer, que no ha leído ni visto nunca una tragedia griega, reconoció al término de la misma que, en determinados momentos, se le habían puesto los pelos como escarpias; y no precisamente por el frío de la noche. Con un calor sofocante, el espectáculo se desarrolló bajo una luna escasamente creciente, nada que ver con el eclipse total de luna que ese mismo día tuvo lugar hace 2351 años, algunos menos que los de la obra de Eurípides representada estos días en Mérida y escrita en el año 424 a.C.
La chincheta habitual en esta ocasión pasaba a segundo plano; la visita a un nuevo Patrimonio de la Humanidad no era el caso pues ya habíamos estado previamente en Mérida, en la Augusta Emerita. Sin quererlo, mi mujer acertó de pleno al elegir una de las tragedias de Eurípides que no había leído: Hécuba. Pese a ello, no resultaba complicado saber de qué trataba la obra y me lo planteé como el ejercicio de catarsis que usaban los griegos de la época cuando acudían al teatro a ver representada una tragedia sobre alguno de los mitos que conocían perfectamente.
Magníficamente interpretada por Concha Velasco, Hécuba es la historia de una madre que pierde uno a uno a sus hijos.
Primero durante el asedio de Ilion (Troya) y, luego, una vez tomada y saqueada la ciudad, convertida ya en esclava por las tropas griegas, de sus hijos Polidoro y Políxena. Y todo ello en una marco espectacular como es el Teatro Romano de Mérida.
lunes, abril 22, 2013
Una nueva "chincheta patrimonial"
El reciente viaje a Alicante para participar en una jornada sobre dislexia ha servido, además, para aumentar la colección de "chinchetas patrimoniales" de mi mujer, esto es, visitar un nuevo Patrimonio de la Humanidad: esta vez, Elche; en concreto, el Palmeral de Elche, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, y uno de los dos patrimonios de esta ciudad alicantina. El otro es la representación sacra del Misterio de Elche, declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Con sus más de 200.000 palmeras, es el palmeral más grande de todo Europa y una verdadera delicia pasear por ellos y entre las palmeras que crecen por todas partes.
Obligada visita al Museo del Palmeral donde nos adentramos en la historia del mismo así como de todo lo relacionado con esta planta.
El paseo por el jardín y la contemplación del proceso de riego mediante acequias y el ruido del agua, rezuma un sosiego y una tranquilidad fascinante.
Muy cerca del Museo, el Huerto del Cura donde, entre la abundante vegetación, y no solo de palmeras, destaca la impresionante Palmera Imperial, que en el año 1873 comenzaron a brotar de su tronco muchos hijuelos a una altura de 1'80 m. A principios del siglo XX los hijos quedaron reducidos a siete, con lo que la palmera quedó tal y como puede verse en la actualidad.
Como no podía ser de otra forma, ¿qué traerse de Elche a modo de recuerdo si no una palmera?
Con sus más de 200.000 palmeras, es el palmeral más grande de todo Europa y una verdadera delicia pasear por ellos y entre las palmeras que crecen por todas partes.
Obligada visita al Museo del Palmeral donde nos adentramos en la historia del mismo así como de todo lo relacionado con esta planta.
Incluida la referencia a la plaga por el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) que desde el año 2005 obliga a extremar los cuidados del palmeral por el daño que provoca este coleóptero en las palmeras de las que se alimenta durante la fase de larva.
Muy cerca del Museo, el Huerto del Cura donde, entre la abundante vegetación, y no solo de palmeras, destaca la impresionante Palmera Imperial, que en el año 1873 comenzaron a brotar de su tronco muchos hijuelos a una altura de 1'80 m. A principios del siglo XX los hijos quedaron reducidos a siete, con lo que la palmera quedó tal y como puede verse en la actualidad.
Como no podía ser de otra forma, ¿qué traerse de Elche a modo de recuerdo si no una palmera?
martes, septiembre 18, 2012
Todos los caminos conducen a Έξοδος
Tras varios días tomando el metro en Atenas, de un lado para otro, Syntagma, Monastiraki, Akropoli, Keramikos... mi mujer reparó en algo que hasta entonces no parecía haberle llamado especialmente su atención. En todas las estaciones abundaban los letreros con la palabra griega Έξοδος (Exodos) y fue entonces cuando, hábilmente, acabó deduciendo que significaba salida.
Nuestro periplo, esta vez griego, nuestro regreso al futuro, como lo habíamos denominado anteriormente, ha tenido de todo: mucho paseo cultural por la antigua Grecia, bastante arruinada; y mucho pateo por la moderna Grecia, no menos arruinada, aunque por otros motivos. Tras repasar el más de un millar de fotos que hemos hecho, se me ocurrió una especie de juego con mi familia: buscar una foto al azar y averiguar a que recinto arqueológico pertenece.
¿Olimpia? ¿Delfos?
En algún caso puede haber alguna pista que otra, como es el caso de este pilar
donde, a mayor aumento, se puede apreciar el primer grafiti de la historia atribuido a Lord Byron en el Templo de Poseidón del cabo Sounion, y al que posteriormente imitaron muchos otros.
Como este delicioso Γιαουρτλού κεμπάπ, casi impronunciable, acompañado de una excelente Mythos.
Cita que tengo reflejada en mi página de facebook con anterioridad a la compra de la camiseta. Y hablando de frases, qué menos que mencionar y fotografiar la célebre Molon labe! pronunciada por Leónidas I al rey persa Jerjes I en la famosa batalla de las Termópilas cuando le pidió que entregara las armas: ¡Ven y tómalas!
Y los persas las tomaron. Pero para la historia quedó uno de los episodios más gloriosos de Esparta en la que Leónidas I, al frente de sus 300 espartanos, resistió a los persas hasta la muerte. Caminante ve a Esparta y di a los espartanos, que aquí yacemos por obedecer sus leyes (epitafio de Simónides de Ceos). Yo estuve allí, 2492 años después.
Pero proseguiremos en futuras entradas de este blog haciendo referencia a este viaje por Grecia porque hay mucho que contar. Todos los caminos conducen a Έξοδος, y que cada cual interprete la salida como quiera: ¿tendrán los griegos que salir del euro? Lo bonito de un viaje es el viaje en sí mismo. Como decía nuestro gran poeta Antonio Machado:
Nuestro periplo, esta vez griego, nuestro regreso al futuro, como lo habíamos denominado anteriormente, ha tenido de todo: mucho paseo cultural por la antigua Grecia, bastante arruinada; y mucho pateo por la moderna Grecia, no menos arruinada, aunque por otros motivos. Tras repasar el más de un millar de fotos que hemos hecho, se me ocurrió una especie de juego con mi familia: buscar una foto al azar y averiguar a que recinto arqueológico pertenece.
¿Olimpia? ¿Delfos?
En algún caso puede haber alguna pista que otra, como es el caso de este pilar
donde, a mayor aumento, se puede apreciar el primer grafiti de la historia atribuido a Lord Byron en el Templo de Poseidón del cabo Sounion, y al que posteriormente imitaron muchos otros.
Aunque volveremos sobre este periplo cultural por la antigua Grecia, no menos cultural es el contacto con la rica gastronomía helénica.
Nuestra colección de Patrimonios de la Humanidad se ha visto incrementada en dos nuevas chinchetas: Olimpia y Meteora. En Olimpia una carrerita por el estadio donde se celebraban antiguamente los Juegos Olímpicos, aunque la foto de la vencedora se realizase, para la ocasión, en el estadio Panathinaikó, en el que se celebraron los primeros JJ.OO de la era moderna, en Atenas, en 1896. Es el único estadio del mundo enteramente de mármol blanco procedente del monte Pentélico.
Meteora es otra cosa. Un lugar de recogimiento para los monjes y monjas ortodoxos en un increíble lugar fruto de la erosión en los tiempos en los que existía el mar de Tesalia.
Obligada compra de una camiseta con la expresión en griego de la frase del escritor Nikos Katzanzakis: No espero nada. No temo nada. Soy libre.
Cita que tengo reflejada en mi página de facebook con anterioridad a la compra de la camiseta. Y hablando de frases, qué menos que mencionar y fotografiar la célebre Molon labe! pronunciada por Leónidas I al rey persa Jerjes I en la famosa batalla de las Termópilas cuando le pidió que entregara las armas: ¡Ven y tómalas!
Y los persas las tomaron. Pero para la historia quedó uno de los episodios más gloriosos de Esparta en la que Leónidas I, al frente de sus 300 espartanos, resistió a los persas hasta la muerte. Caminante ve a Esparta y di a los espartanos, que aquí yacemos por obedecer sus leyes (epitafio de Simónides de Ceos). Yo estuve allí, 2492 años después.
Pero proseguiremos en futuras entradas de este blog haciendo referencia a este viaje por Grecia porque hay mucho que contar. Todos los caminos conducen a Έξοδος, y que cada cual interprete la salida como quiera: ¿tendrán los griegos que salir del euro? Lo bonito de un viaje es el viaje en sí mismo. Como decía nuestro gran poeta Antonio Machado:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Un viaje para revivir lleno de recuerdos, como los habituales recuerdos en mi propia piel; esta vez, recuerdo de Likavitos.
o el casco hoplita que no me dejaron comprar.
Otra vez será.
o el casco hoplita que no me dejaron comprar.
Otra vez será.
lunes, julio 11, 2011
¡Vaya semanita!
Una de las aficiones más inquietantes de mi mujer es la de hacer obras en casa. Ello conlleva la necesaria obligatoriedad de tener que pintar. Como en el otoño pasado se renovaron las ventanas de casi toda la casa, ha habido que pintarla entera, algo incómodo porque, aunque lo hagan los pintores, todo queda patas arriba durante unos días auténticamente estresantes. Y eso es lo que ha ocurrido durante la semana pasada.


Aprovechando que nuestras hijas se encuentran de campamento, se pidió la semana de vacaciones para supervisar las tareas de pintura. Es lo que llamo yo unas vacaciones masocas. Si hace dos años, por estas mismas fechas, nos encontrábamos en Tanzania y hace un año de Paradores, este año tocaba zafarrancho. Lo malo de pintar es que luego tocan agotadoras e interminables palizas de limpieza. Es por ello por lo que, y para recompensarse de la semanita que hemos padecido, había programado una escapada de fin de semana a Oporto, donde habíamos dejado cosas pendientes en una visita anterior. Su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, es muy interesante y agradable.

Subida a la Torre dos Clerigos para admirar Oporto desde una posición privilegiada. Lo malo fue que llovía y había niebla.

O las pequeñas iglesias decoradas de azulejos, hermosas por fuera y anodinas en su interior. Y, ¡cómo no!, el obligado crucero de los seis puentes por el Duero.


Además, con el billete del crucero te invitan a la visita de alguna bodega de las que abundan en la otra parte del río, en Vila Nova de Gaia, donde se puede degustar alguno de los deliciosos vinos de Oporto, además de las explicaciones de su elaboración, muy diferentes a la de los vinos de Jerez, por poner un ejemplo y ya que también visitamos alguna bodega en nuestra estadía en esa ciudad andaluza.

Deliciosa cena a orillas del Duero a base de bacalao a la parrilla o arroz de marisco por un precio mucho más que asequible.

A la mañana siguiente (ayer), rápidas visitas a lugares muy recomendables: el impresionante Palacio de la Bolsa y callejear por Oporto para descubrir la belleza singular de esta ciudad muy recomendable para escapadas rápidas.


Eso sí, recordando que, a la vuelta, nos espera el zafarrancho de limpieza aparcado durante el fin de semana.
Aprovechando que nuestras hijas se encuentran de campamento, se pidió la semana de vacaciones para supervisar las tareas de pintura. Es lo que llamo yo unas vacaciones masocas. Si hace dos años, por estas mismas fechas, nos encontrábamos en Tanzania y hace un año de Paradores, este año tocaba zafarrancho. Lo malo de pintar es que luego tocan agotadoras e interminables palizas de limpieza. Es por ello por lo que, y para recompensarse de la semanita que hemos padecido, había programado una escapada de fin de semana a Oporto, donde habíamos dejado cosas pendientes en una visita anterior. Su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, es muy interesante y agradable.
Subida a la Torre dos Clerigos para admirar Oporto desde una posición privilegiada. Lo malo fue que llovía y había niebla.
O las pequeñas iglesias decoradas de azulejos, hermosas por fuera y anodinas en su interior. Y, ¡cómo no!, el obligado crucero de los seis puentes por el Duero.
Además, con el billete del crucero te invitan a la visita de alguna bodega de las que abundan en la otra parte del río, en Vila Nova de Gaia, donde se puede degustar alguno de los deliciosos vinos de Oporto, además de las explicaciones de su elaboración, muy diferentes a la de los vinos de Jerez, por poner un ejemplo y ya que también visitamos alguna bodega en nuestra estadía en esa ciudad andaluza.
Deliciosa cena a orillas del Duero a base de bacalao a la parrilla o arroz de marisco por un precio mucho más que asequible.
A la mañana siguiente (ayer), rápidas visitas a lugares muy recomendables: el impresionante Palacio de la Bolsa y callejear por Oporto para descubrir la belleza singular de esta ciudad muy recomendable para escapadas rápidas.
Eso sí, recordando que, a la vuelta, nos espera el zafarrancho de limpieza aparcado durante el fin de semana.
sábado, abril 30, 2011
La ciudad de Romeo y Julieta
Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y
desesperación. Desterrarme de Verona es como desterrarme de la Tierra. Lo
mismo da que digáis muerte que destierro
(William Shakespeare; Romeo y Julieta, acto III, escena 3ª)
Verona, además de ser Patrimonio de la Humanidad, es la ciudad donde se desarrolla el famoso drama de William Shakespeare, Romeo y Julieta. Shakespeare se basó en una obra del escritor italiano Luigi da Porto que a su vez se basó en otras obras anteriores, para trasladar la acción de esta historia de amor de Siena a Verona.
Obligada visita a la casa de Julieta, una casa del siglo XIII con su sugestivo patio, una puerta ojival y un balcón: el balcón de Julieta.
En el patio, una estatua en bronce de Julieta es el objeto de largas colas de turistas para hacerse una foto tocándole la teta izquierda, ya que según la tradición el que lo haga tendrá suerte en el amor.
Pero, a nuestro juicio, lo más llamativo de Verona es la convivencia en armonía de su pasado romano, medieval y renacentista que es lo que la destaca como ciudad Patrimonio de la Humanidad.
El gran Anfiteatro Arena, uno de los mayores del mundo, data del siglo I. Tiene 139 metros de largo por 110 de ancho y una capacidad para 25.000 espectadores. Restaurado, es escenario de representaciones de ópera.
La Plaza delle Erbe, el antiguo foro romano, es la más hermosa de la ciudad de Verona. Rodeada de palacios y casa antiguas decoradas con pinturas murales, la vida bulle en esta plaza de mercado. Colgando de un arco una enorme costilla de ballena de la que se ignora el motivo por el que se puso ahí.
La columna de San Marcos con el león alado, símbolo de Venezia, nos recuerda el dominio veneciano de esta ciudad.
En Verona hay iglesias para aburrir. La Catedral de Verona o Duomo (Cattedrale di Santa Maria Matricolare) se emplaza sobre dos iglesias paleocristianas que fueron destruidas por un terremoto.
La Basílica de San Zenón está dedicada al primer obispo de la ciudad de Verona, San Zenón, y está considerada una auténtica obra maestra de la arquitectura románica.
En restauración, tanto por fuera como por dentro, destacan los restos de las pinturas murales de la escuela de Giotto.
Y tienen trabajo. Muchos de esos frescos han sufrido las consecuencias de imporvisados grafiteros en el pasado.
Verona es todo esto y mucho más. Castel Vecchio, palacios, puentes y puertas configuran esta sobresaliente fortaleza militar que dan sentido a las palabras de Romeo en la tragedia de Shakespeare con la que comenzábamos esta entrada: Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y desesperación.
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