¡Es acojonante! En muy pocas semanas, algunos hemos pasado de héroes a jodidos villanos porque no hacemos las pruebas suficientes de detección del "puto bicho". Ese es el motivo que ha dado el Ministerio de Sanidad para que la Comunidad de Madrid siga en la fase 0 de eso que han dado en llamar desescalada. El objetivo ahora somos los sanitarios que trabajamos en Atención Primaria. Resulta que nosotros ahora somos los culpables de estar donde estamos y no avanzar. Siempre tiene que haber un culpable y esta vez nos toca a nosotros.
No nos hemos negado en ningún momento a hacer las famosas PCR; lo que no dicen es que si yo solo dispongo de un número limitado de test, no puedo hacer más pruebas que el número de test de que dispongo. Y, además, tal y como está montado esto, no puedo volver a hacer PCRs hasta que no venga un mensajero a recoger las muestras y reponerme el mismo número de test que he utilizado. En nuestro caso, un medio rural, raramente hasta el día siguiente.
¡Qué asco de política cuando se dedican entre el Gobierno Central y el Autonómico a echarse mierda los unos a los otros! Ahora necesitan un villano, ¡pues vale! No tengo ningún inconveniente en asumir ese papel; pero señores políticos, dedíquense a lo que se tienen que dedicar y no a echar balones fuera.
Mostrando entradas con la etiqueta pandemia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pandemia. Mostrar todas las entradas
domingo, mayo 17, 2020
De héroes a villanos
Etiquetas:
Atención Primaria,
COVID-19,
diagnóstico,
pandemia,
PCR,
política,
puto bicho
sábado, mayo 09, 2020
Rabia, impotencia… y ahora indignación
Todos los días, al término de la jornada laboral en mi Centro de Salud, a las 9 de la noche, regreso en coche a mi casa que se encuentra en una población diferente pero vecina a la de mi puesto de trabajo. Durante la última semana, lo que he visto me ha resultado indignante. Las medidas de permitir salir de casa, con limitaciones, me causan un verdadero estupor puesto que, visto lo visto, no se respetan en lo más mínimo. Durante estos días he visto más romerías que paseos saludables. Y eso hace que se me abran las carnes. La situación no está ni mucho menos controlada. Estamos indudablemente mejor que hace unas semanas, pero eso no significa que el problema no siga estando ahí. Diariamente seguimos viendo y diagnosticando casos de COVID-19 en un goteo lento pero constante. No resulta nada extraño que Madrid deba permanecer aún en la fase 0 de esta desescalada; y si me apuráis, a este paso deberá seguir en esa fase si no se apela al sentido de la responsabilidad de los ciudadanos.
Hemos pasado, al menos yo, de la rabia y la impotencia que nos ha sacudido durante todas estas semanas, a una indignación por todos esos comportamientos censurables a la par que irresponsables que cada día contemplo. Quien más, quien menos, ha vivido el horror del azote de este “puto bicho” entre su familia o sus amigos. Al dolor de las pérdidas humanas se ha sumado el de no haberse podido despedir del ser querido. Detrás de esa horripilante cifra de muertos que no para de crecer, hay personas con nombre y apellidos. Vidas que se han visto segadas de un plumazo. La mayoría de ellos, personas mayores que desgastaron su vida para que nosotros pudiéramos tener la nuestra.
El personal sanitario, como el resto del personal de los servicios esenciales que hemos estado ahí, nos sentimos cansados y exhaustos a estas alturas. Y lo que es peor visto lo visto, con la sospecha de que ese temido repunte haga su aparición en los próximos días para generar más daño no sólo desde un punto de vista sanitario. Muchísima gente lo está pasando aún peor porque al dolor y la rabia de la pérdida de sus seres queridos, se suma el de la inquietud y la incertidumbre frente a sus necesidades más básicas: sacar a su familia adelante en medio de una crisis económica tan brutal como la sanitaria.
Romeros de turno que salís a la calle con la despreocupada actitud del que sale de fiesta, por favor, sentido común, responsabilidad y un poquito de solidaridad con todos aquellos que de una forma u otra, o las dos, lo están pasando mal o muy mal.
Hemos pasado, al menos yo, de la rabia y la impotencia que nos ha sacudido durante todas estas semanas, a una indignación por todos esos comportamientos censurables a la par que irresponsables que cada día contemplo. Quien más, quien menos, ha vivido el horror del azote de este “puto bicho” entre su familia o sus amigos. Al dolor de las pérdidas humanas se ha sumado el de no haberse podido despedir del ser querido. Detrás de esa horripilante cifra de muertos que no para de crecer, hay personas con nombre y apellidos. Vidas que se han visto segadas de un plumazo. La mayoría de ellos, personas mayores que desgastaron su vida para que nosotros pudiéramos tener la nuestra.
El personal sanitario, como el resto del personal de los servicios esenciales que hemos estado ahí, nos sentimos cansados y exhaustos a estas alturas. Y lo que es peor visto lo visto, con la sospecha de que ese temido repunte haga su aparición en los próximos días para generar más daño no sólo desde un punto de vista sanitario. Muchísima gente lo está pasando aún peor porque al dolor y la rabia de la pérdida de sus seres queridos, se suma el de la inquietud y la incertidumbre frente a sus necesidades más básicas: sacar a su familia adelante en medio de una crisis económica tan brutal como la sanitaria.
Romeros de turno que salís a la calle con la despreocupada actitud del que sale de fiesta, por favor, sentido común, responsabilidad y un poquito de solidaridad con todos aquellos que de una forma u otra, o las dos, lo están pasando mal o muy mal.
Etiquetas:
coronavirus,
COVID-19,
pandemia,
puto bicho,
responsabilidad
sábado, abril 25, 2020
Mea culpa
Si la semana pasada reconocíamos que no somos héroes, hoy quiero expresar algo que es muy jodido de explicar y más aún de asimilar. Unos días después del fallecimiento de mi hermana, Pablo, mi cuñado, me planteaba una duda que él tenía y que todos, seguramente, os habréis formulado: ¿se hizo lo correcto? ¿se le dio alguna oportunidad a mi hermana Mari Mar? No tuve ningún reparo en darle la razón y decirle que, efectivamente, no hicimos lo correcto. Aunque sea completamente cierto que, en aquellos momentos, la consigna era evitar la saturación de los Hospitales en la Comunidad de Madrid, a mi hermana se le negó durante cinco o seis días el tener una posibilidad añadida para luchar por su vida. Es cierto que en aquél momento era Salud Pública la que decidía qué había que hacer con cada paciente sospechoso de coronavirus. Os puedo asegurar que en aquellos días el famoso teléfono 900102112 era un auténtico teléfono fantasma; el 112 no daba abasto y era imposible que te lo cogieran; lo mismo ocurría con el 061. Mucha gente se quedó, como vulgarmente se dice, a la buena de Dios, entre ellas, mi hermana. Y nosotros tratando de tranquilizar a la gente y diciéndole: (¡vaya mierda!) que se quedaran en casa. Sería muy fácil decir que hice lo que debía hacer. Pero no es así. Al igual que con mi hermana, probablemente contribuí con ese mensaje a que algún que otro paciente fuese condenado a una muerte segura.
A diferencia de otra gente que cuando toda esta mierda pase, se escudará en cualquier excusa inexcusable, yo quiero entonar un Mea culpa por algo por lo que desde siempre me he sentido orgulloso a lo largo de mis más de treinta años de ejercicio como médico: asumir mi responsabilidad. Los protocolos están para, en muchos casos, saltárselos y yo lo he hecho a menudo. Un protocolo es una guía de lo que es aconsejable hacer; pero no es la Biblia. Lo que más lamento es no haber sido capaz de haber mandado a la mierda un verdadero despropósito de protocolo de actuación para dar una oportunidad a mi hermana y, seguramente, a muchas otras personas.
Allá cada cual. Cuando todo esto haya pasado, veréis a mucha gente que no da ni dará la cara por los innumerables errores que nos hemos visto obligados a cometer y que han sido muchos. Pese a ellos, junto a todos mis compañeros, hemos estado ahí al pie del cañón. A mí no me duelen prendas por reconocer mis errores y decirlo. Al fin y al cabo, yo tengo algo que se llama conciencia; un jodido Pepito Grillo con el que tengo que convivir día a día y con el que necesito llevarme razonablemente bien.
Disculpad mi lenguaje a menudo soez y, lo dicho, cuidaros mucho y… ¡quedaros en casa!
A diferencia de otra gente que cuando toda esta mierda pase, se escudará en cualquier excusa inexcusable, yo quiero entonar un Mea culpa por algo por lo que desde siempre me he sentido orgulloso a lo largo de mis más de treinta años de ejercicio como médico: asumir mi responsabilidad. Los protocolos están para, en muchos casos, saltárselos y yo lo he hecho a menudo. Un protocolo es una guía de lo que es aconsejable hacer; pero no es la Biblia. Lo que más lamento es no haber sido capaz de haber mandado a la mierda un verdadero despropósito de protocolo de actuación para dar una oportunidad a mi hermana y, seguramente, a muchas otras personas.
Allá cada cual. Cuando todo esto haya pasado, veréis a mucha gente que no da ni dará la cara por los innumerables errores que nos hemos visto obligados a cometer y que han sido muchos. Pese a ellos, junto a todos mis compañeros, hemos estado ahí al pie del cañón. A mí no me duelen prendas por reconocer mis errores y decirlo. Al fin y al cabo, yo tengo algo que se llama conciencia; un jodido Pepito Grillo con el que tengo que convivir día a día y con el que necesito llevarme razonablemente bien.
Disculpad mi lenguaje a menudo soez y, lo dicho, cuidaros mucho y… ¡quedaros en casa!
Etiquetas:
conciencia,
coronavirus,
COVID-19,
pandemia,
responsabilidad,
virus
sábado, abril 18, 2020
No somos héroes
Como todas las tardes, a las 20 horas, salgo a la puerta de mi Centro de Salud a devolver los aplausos que de manera tan emotiva recibimos. Nos da, indudablemente, ánimos para seguir en esta lucha casi a la desesperada a la que nos enfrentamos. Pero eso no nos convierte en héroes. Aunque haya ya más de 29000 profesionales sanitarios infectados, algo más del 15% de todos los casos confirmados, eso solo indica que estamos más expuestos por carecer, en muchos casos sobretodo al principio, de medidas de protección adecuada. Tampoco las fuerzas de seguridad del estado son héroes. Ambos colectivos tenemos muy claro dos cosas: sentido del deber y de la responsabilidad. Aunque sepamos muy poco de este "puto bicho", tener cierto grado de formación en la propagación de las enfermedades transmisibles víricas nos ha permitido aplicar medidas de protección chapuceras que algún resultado han debido dar.
Para mí, los verdaderos héroes en esta historia sois todos aquellos trabajadores de actividades esenciales que hacéis posible todos y cada uno de los pequeños milagros que podemos vivir día a día: atender, cuidar y salvar muchas vidas. Y sois héroes porque os enfrentáis sin razonables conocimientos apropiados a toda esta mierda con el miedo y la angustia lógica de pensar que podéis infectaros y llevaros el "puto bicho" a vuestra casa: desde el cajero/a del supermercado, al reponedor, el repartidor, el transportista, el agricultor, el ganadero, el personal de limpieza, los cuidadores de personas mayores dependientes... La lista me resultaría interminable.
También sois unos verdaderos héroes todos aquellos ciudadanos que, con sentido de la responsabilidad, os quedáis en casa haciendo lo que se os ha dicho que hay que hacer para evitar la propagación de este "puto bicho".
De los políticos no quiero hablar, no creo que sea el momento adecuado.
Hoy mi aplauso será para todos esos héroes que sobrellevan muy duramente esta situación, bien sea desde el encierro en sus casas o el cumplimiento de su necesaria actividad esencial.
Y, además, mi aplauso hoy será un poco más largo dedicado a mi hermana mayor, Mari Mar, que falleció de coronavirus hace hoy 14 días.
Cuidaros mucho y ¡quédate en casa!
Para mí, los verdaderos héroes en esta historia sois todos aquellos trabajadores de actividades esenciales que hacéis posible todos y cada uno de los pequeños milagros que podemos vivir día a día: atender, cuidar y salvar muchas vidas. Y sois héroes porque os enfrentáis sin razonables conocimientos apropiados a toda esta mierda con el miedo y la angustia lógica de pensar que podéis infectaros y llevaros el "puto bicho" a vuestra casa: desde el cajero/a del supermercado, al reponedor, el repartidor, el transportista, el agricultor, el ganadero, el personal de limpieza, los cuidadores de personas mayores dependientes... La lista me resultaría interminable.
También sois unos verdaderos héroes todos aquellos ciudadanos que, con sentido de la responsabilidad, os quedáis en casa haciendo lo que se os ha dicho que hay que hacer para evitar la propagación de este "puto bicho".
De los políticos no quiero hablar, no creo que sea el momento adecuado.
Hoy mi aplauso será para todos esos héroes que sobrellevan muy duramente esta situación, bien sea desde el encierro en sus casas o el cumplimiento de su necesaria actividad esencial.
Y, además, mi aplauso hoy será un poco más largo dedicado a mi hermana mayor, Mari Mar, que falleció de coronavirus hace hoy 14 días.
Cuidaros mucho y ¡quédate en casa!
Etiquetas:
coronavirus,
COVID-19,
héroe,
pandemia,
puto bicho,
virus
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
