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domingo, abril 04, 2021

Un día muy doloroso

     
Hoy es un día de muy triste recuerdo para toda mi familia; un día triste y francamente doloroso. Este crespón negro quiero dedicárselo a todas y cada una de las víctimas del coronavirus pero, de una forma muy especial, a una de ellas que falleció hoy justo hace un año: mi hermana mayor. No puedo decir nada más porque el dolor me embota las ideas y agarrota los dedos de mis manos para escribir. Ha pasado un año ya y nos encontramos al inicio de la cuarta ola. ¿Cuánto dolor más necesitaremos para espabilar un poco? No me cabe la menor duda: Contra la estupidez humana, los propios dioses luchan en vano (Friedrich Schiller).

sábado, junio 13, 2020

Las dos Españas

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza
(Antonio Machado)

Hasta no hace mucho, toda la población en cualquier lugar de España, salía a las ocho de la tarde a su balcón o se asomaba por su ventana para aplaudir a los sanitarios. Muy rápidamente ese sentido homenaje solidario se extendió a las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado y a todos los trabajadores de actividades esenciales que han hecho posible que este desastre de la COVID-19 no haya sido aún mayor. Como dijimos en su momento, el personal sanitario no hemos sido héroes. Con sentido de la responsabilidad nos hemos enfrentado a toda esta puta mierda y muchos hemos entonado, incluso, un sentido Mea culpa por el sentimiento de rabia e impotencia al que nos vimos abocados por falta de medios y de previsión. Ser el país del mundo con el mayor porcentaje de personal sanitario infectado por este "puto bicho" (más del 20%, 51849 casos a día 11/06/2020) resulta un argumento contundente.
Reconozco que me conmovió esa solidaridad manifestada por la inmensa mayoría de la ciudadanía mientras hacía un ejercicio de responsabilidad en medio del obligado confinamiento. Hemos conocido historias extraordinarias al respecto, maravillosos actos que han demostrado de lo grande que puede llegar a ser el ser humano. Pero bastó un cierto relajamiento en ese confinamiento para que toda la rabia, impotencia e indignación me devolviera a la jodida realidad de las dos Españas: la de los que convirtieron los aplausos en caceroladas en legítima protesta contra el Gobierno, pero sin ningún respeto a las medidas de distanciamiento social; y la de aquellos otros buscando un enfrentamiento directo y, en ocasiones, violento hacia los anteriores.
Da la impresión de que no hemos aprendido nada. Mientras la ciudadanía aceptaba resignada las duras y estrictas medidas tomadas durante el confinamiento, hemos podido asistir a una reedición del programa Los Payasos de la Tele y su Había una vez... ¡un circo! con el Congreso de los Diputados como plató. Mientras en la mayoría de los países, sea del color que sea el de su gobierno, ha habido unanimidad frente a esta lucha titánica que ha sido para miles de millones de personas, aquí hemos podido ver como los señores diputados vomitaban toda clase de despropósitos e improperios, sin excepción alguna. Un vómito hediondo que solo ha servido para alimentar la contenida crispación de los ciudadanos durante el confinamiento. Ha bastado un pistoletazo de salida para poner de manifiesto las consecuencias de ese repugnante vómito contagioso que nos devuelve a las dos Españas de Antonio Machado.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón

sábado, mayo 30, 2020

Maldito baile de muertos

Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento
(Miguel Hernández, Elegía)



Ante todo, quiero expresar mi profundo respeto a todos y cada uno de los integrantes de esas cifras de fallecidos que nos dan cada día; a menudo de una manera tan fría como obscena. En muchos casos han pasado de ser personas, con nombres y apellidos, y una historia a sus espaldas, a convertirse en un número más de una serie numérica que hemos empezado a no entender prácticamente ninguno de nosotros.
El día 24 de mayo, domingo, teníamos 28752 fallecidos por la COVID-19 según datos oficiales del propio Ministerio de Sanidad. Nuestra sorpresa fue que, al día siguiente, nos encontrábamos con que la cifra de fallecidos era de 26834. De repente, habían resucitado, de un día para otro, 1918 personas. Si alguno de vosotros entiende cómo puede ser eso, por favor, que me lo explique, porque yo no consigo entenderlo.
Durante esta semana, hemos conocido los datos del Registro Civil que ha reportado durante este período de confinamiento un 52% más de decesos con respecto al año anterior para el mismo período: 43295 muertes más de las esperadas. Según el Registro Civil, el número de fallecidos por COVID-19 era de 27302, cifra que, oficialmente, según el Ministerio de Sanidad, aún no hemos alcanzado. Pero, en cualquier caso y para no entrar en una guerra absurda de quítame allá ese muerto, la cuestión es que hay un remanente de 15993 personas que han muerto, de más, sin que sepamos por qué. Bueno, no lo sabréis vosotros; muchos de nosotros sí lo sabemos. Las cifras que ha manejado y maneja el Ministerio de Sanidad son las de fallecidos con una PCR positiva, pero ¿se hicieron todas las PCR necesarias a los enfermos sospechosos de COVID?
En una Residencia de Ancianos ubicada en el municipio donde trabajo, dos residentes ingresaron el mismo día en el mismo hospital, con la misma sintomatología: una gran dificultad respiratoria. Ambos tenían nombre y apellidos que no puedo poner aquí por la ley de Protección de Datos. A ambos les hicieron radiografías de tórax:



Diagnóstico: Neumonía bilateral compatible con COVID-19.
Ambos murieron a la espera de un ingreso en Medicina Interna, pero uno tenía hecha la PCR y el otro no. Uno pasó a formar parte de la lista oficial de fallecidos de coronavirus y el otro no.
Hemos visto muchas cosas que nos han puesto los pelos como escarpias a los trabajadores de la Sanidad Pública; ¡ojo, y de la Privada! Esta puta mierda nos la hemos comido todos, sin distinción.
El título de este post es una referencia a una estrofa de una de mis canciones más entrañables: Al Alba, de Luis Eduardo Aute, fallecido el día 4 de abril de este año. El mismo día que mi hermana. Su familia desconoce si su muerte guarda alguna relación con la COVID-19. La canción, que consiguió pasar la censura franquista, fue un homenaje en clave de canción de amor a los últimos fusilados por la dictadura un 27 de septiembre del año 1975.
La estrofa a la que me refiero es:
Miles de buitres callados
Van extendiendo sus alas,
No te destroza, amor mío,
Esta silenciosa danza,
Maldito baile de muertos,
Pólvora de la mañana.

Algunos tenemos ya la pólvora preparada, en sentido metafórico, claro. Pero de eso hablaremos la semana que viene.

sábado, mayo 09, 2020

Rabia, impotencia… y ahora indignación

Todos los días, al término de la jornada laboral en mi Centro de Salud, a las 9 de la noche, regreso en coche a mi casa que se encuentra en una población diferente pero vecina a la de mi puesto de trabajo. Durante la última semana, lo que he visto me ha resultado indignante. Las medidas de permitir salir de casa, con limitaciones, me causan un verdadero estupor puesto que, visto lo visto, no se respetan en lo más mínimo. Durante estos días he visto más romerías que paseos saludables.  Y eso hace que se me abran las carnes. La situación no está ni mucho menos controlada. Estamos indudablemente mejor que hace unas semanas, pero eso no significa que el problema no siga estando ahí. Diariamente seguimos viendo y diagnosticando casos de COVID-19 en un goteo lento pero constante. No resulta nada extraño que Madrid deba permanecer aún en la fase 0 de esta desescalada; y si me apuráis, a este paso deberá seguir en esa fase si no se apela al sentido de la responsabilidad de los ciudadanos.
Hemos pasado, al menos yo, de la rabia y la impotencia que nos ha sacudido durante todas estas semanas, a una indignación por todos esos comportamientos censurables a la par que irresponsables que cada día contemplo. Quien más, quien menos, ha vivido el horror del azote de este “puto bicho” entre su familia o sus amigos. Al dolor de las pérdidas humanas se ha sumado el de no haberse podido despedir del ser querido. Detrás de esa horripilante cifra de muertos que no para de crecer, hay personas con nombre y apellidos. Vidas que se han visto segadas de un plumazo. La mayoría de ellos, personas mayores que desgastaron su vida para que nosotros pudiéramos tener la nuestra.
El personal sanitario, como el resto del personal de los servicios esenciales que hemos estado ahí, nos sentimos cansados y exhaustos a estas alturas. Y lo que es peor visto lo visto, con la sospecha de que ese temido repunte haga su aparición en los próximos días para generar más daño no sólo desde un punto de vista sanitario. Muchísima gente lo está pasando aún peor porque al dolor y la rabia de la pérdida de sus seres queridos, se suma el de la inquietud y la incertidumbre frente a sus necesidades más básicas: sacar a su familia adelante en medio de una crisis económica tan brutal como la sanitaria.
Romeros de turno que salís a la calle con la despreocupada actitud del que sale de fiesta, por favor, sentido común, responsabilidad y un poquito de solidaridad con todos aquellos que de una forma u otra, o las dos, lo están pasando mal o muy mal.

lunes, mayo 04, 2020

Bella ciao

Bella ciao es una canción popular italiana que fue utilizada por los partisanos italianos entre 1943 y 1945 que formaban parte de la Resistencia italiana contra las fuerzas alemanas nazis que ocupaban Italia. La canción ha sido puesta recientemente de moda a raíz del éxito de la serie española La casa de papel.
Lo cierto es que esa canción la aprendí yo cuando tenía entre once o catorce años y mi hermana me la enseñó. Durante toda esta historia vivida en relación a la COVID-19 reconozco que he desarrollado un preocupante trastorno del sueño. Bueno, ese es mi problema y tendré que buscarle una solución. Pero no se trata de hablar de mí. Hoy es 4 de mayo y hace justo un mes que mi hermana mayor murió víctima de este "puto bicho" de nombre SARS-CoV-19. Durante la semana siguiente a su muerte, hubo un día en que me desperté con una canción que me martilleaba insistentemente la cabeza. Esa canción era, precisamente, Bella ciao, la canción que me enseñó ella cuando vivió su época inconformista y revolucionaria; una vida que nunca abandonó.
Esa canción dice, en un momento dado:

Y si yo caigo en la Guerrilla,
O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao
Y si yo caigo en la Guerrilla,
coge en tus manos mi fusil.

Cava una fosa en la montaña,
O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao
Cava una fosa en la montaña,
a la sombra de una flor.

Y así la gente, cuando la vea,
O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao
Y así la gente, cuando la vea,
se dirá "¡Que bella flor!"

Aunque difiere algo de la versión original, es la versión que yo aprendí de mi hermana.
No hace mucho se lo conté a su marido, Pablo, y le dije que, como buena guerrillera que había sido, mi hermana se merecía que hiciésemos lo que decía la canción: cavar una fosa en la montaña a la sombra de una flor. Le pareció muy bien pero puso una muy hermosa condición, esperar a septiembre, cuando fuese el que hubiera sido su cumpleaños y las restricciones de aislamiento social nos puedan permitir hacer lo que no hemos podido hacer hasta ahora: abrazarnos todos y llorar a moco tendido por ella.
Es lo mínimo que deberíamos hacer.

(Nota: a raíz del comentario de Pablo, hemos cambiado la estrofa siguiendo sus sugerencias)

sábado, abril 25, 2020

Mea culpa

Si la semana pasada reconocíamos que no somos héroes, hoy quiero expresar algo que es muy jodido de explicar y más aún de asimilar. Unos días después del fallecimiento de mi hermana, Pablo, mi cuñado, me planteaba una duda que él tenía y que todos, seguramente, os habréis formulado: ¿se hizo lo correcto? ¿se le dio alguna oportunidad a mi hermana Mari Mar? No tuve ningún reparo en darle la razón y decirle que, efectivamente, no hicimos lo correcto. Aunque sea completamente cierto que, en aquellos momentos, la consigna era evitar la saturación de los Hospitales en la Comunidad de Madrid, a mi hermana se le negó durante cinco o seis días el tener una posibilidad añadida para luchar por su vida. Es cierto que en aquél momento era Salud Pública la que decidía qué había que hacer con cada paciente sospechoso de coronavirus. Os puedo asegurar que en aquellos días el famoso teléfono 900102112 era un auténtico teléfono fantasma; el 112 no daba abasto y era imposible que te lo cogieran; lo mismo ocurría con el 061. Mucha gente se quedó, como vulgarmente se dice, a la buena de Dios, entre ellas, mi hermana. Y nosotros tratando de tranquilizar a la gente y diciéndole: (¡vaya mierda!) que se quedaran en casa. Sería muy fácil decir que hice lo que debía hacer. Pero no es así. Al igual que con mi hermana, probablemente contribuí con ese mensaje a que algún que otro paciente fuese condenado a una muerte segura.
A diferencia de otra gente que cuando toda esta mierda pase, se escudará en cualquier excusa inexcusable, yo quiero entonar un Mea culpa por algo por lo que desde siempre me he sentido orgulloso a lo largo de mis más de treinta años de ejercicio como médico: asumir mi responsabilidad. Los protocolos están para, en muchos casos, saltárselos y yo lo he hecho a menudo. Un protocolo es una guía de lo que es aconsejable hacer; pero no es la Biblia. Lo que más lamento es no haber sido capaz de haber mandado a la mierda un verdadero despropósito de protocolo de actuación para dar una oportunidad a mi hermana y, seguramente, a muchas otras personas.
Allá cada cual. Cuando todo esto haya pasado, veréis a mucha gente que no da ni dará la cara por los innumerables errores que nos hemos visto obligados a cometer y que han sido muchos. Pese a ellos, junto a todos mis compañeros, hemos estado ahí al pie del cañón. A mí no me duelen prendas por reconocer mis errores y decirlo. Al fin y al cabo, yo tengo algo que se llama conciencia; un jodido Pepito Grillo con el que tengo que convivir día a día y con el que necesito llevarme razonablemente bien.
Disculpad mi lenguaje a menudo soez y, lo dicho, cuidaros mucho y… ¡quedaros en casa!


sábado, abril 18, 2020

No somos héroes

Como todas las tardes, a las 20 horas, salgo a la puerta de mi Centro de Salud a devolver los aplausos que de manera tan emotiva recibimos. Nos da, indudablemente, ánimos para seguir en esta lucha casi a la desesperada a la que nos enfrentamos. Pero eso no nos convierte en héroes. Aunque haya ya más de 29000 profesionales sanitarios infectados, algo más del 15% de todos los casos confirmados, eso solo indica que estamos más expuestos por carecer, en muchos casos sobretodo al principio, de medidas de protección adecuada. Tampoco las fuerzas de seguridad del estado son héroes. Ambos colectivos tenemos muy claro dos cosas: sentido del deber y de la responsabilidad. Aunque sepamos muy poco de este "puto bicho", tener cierto grado de formación en la propagación de las enfermedades transmisibles víricas nos ha permitido aplicar medidas de protección chapuceras que algún resultado han debido dar.
Para mí, los verdaderos héroes en esta historia sois todos aquellos trabajadores de actividades esenciales que hacéis posible todos y cada uno de los pequeños milagros que podemos vivir día a día: atender, cuidar y salvar muchas vidas. Y sois héroes porque os enfrentáis sin razonables conocimientos apropiados a toda esta mierda con el miedo y la angustia lógica de pensar que podéis infectaros y llevaros el "puto bicho" a vuestra casa: desde el cajero/a del supermercado, al reponedor, el repartidor, el transportista, el agricultor, el ganadero, el personal de limpieza, los cuidadores de personas mayores dependientes... La lista me resultaría interminable.
También sois unos verdaderos héroes todos aquellos ciudadanos que, con sentido de la responsabilidad, os quedáis en casa haciendo lo que se os ha dicho que hay que hacer para evitar la propagación de este "puto bicho".
De los políticos no quiero hablar, no creo que sea el momento adecuado.
Hoy mi aplauso será para todos esos héroes que sobrellevan muy duramente esta situación, bien sea desde el encierro en sus casas o el cumplimiento de su necesaria actividad esencial.
Y, además, mi aplauso hoy será un poco más largo dedicado a mi hermana mayor, Mari Mar, que falleció de coronavirus hace hoy 14 días.
Cuidaros mucho y ¡quédate en casa!